México está en proceso de lanzar un nuevo nanosatélite al espacio, desarrollado en Puebla en colaboración con la Agencia Espacial Japonesa (JAXA). El satélite, denominado Gxiba-1—que en zapoteco se traduce como “Universo” o “Estrellas”—tiene como objetivo principal observar los volcanes activos del país y analizar la dispersión de ceniza volcánica para brindar alertas a las comunidades cercanas.
Este proyecto forma parte del programa KiboCUBE, impulsado por JAXA y la Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre (UNOOSA), dirigido a facilitar el lanzamiento de pequeños satélites (CubeSats) desde la Estación Espacial Internacional (EEI). Estos nanosatélites, de dimensiones reducidas —10 cm cúbicos—, son más sencillos y económicos de desarrollar, lo que potencia su uso en áreas como la educación y la investigación tecnológica.
Desde la EEI, JAXA ha desplegado un total de 364 satélites hasta la fecha, aprovechando las ventajas que ofrece el entorno de menor vibración en comparación con un lanzamiento directo desde la Tierra, lo que permite ampliar las capacidades de países con un desarrollo espacial limitado.
El Gxiba-1 fue diseñado por estudiantes de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), en estrecha colaboración con JAXA y la Agencia Espacial Mexicana (AEM). Su lanzamiento está programado para el 20 de octubre de 2025 desde el Centro Espacial Tanegashima, uno de los principales complejos de Japón, con el propósito de ser desplegado en órbita desde la EEI.
Este satélite se convertirá en el segundo mexicano en ser enviado al espacio desde esta plataforma, tras el lanzamiento del AztechSat-1. El Gxiba-1 está equipado con una cámara de luz visible que le permitirá estudiar la dispersión de la ceniza de volcanes como el Popocatépetl, ayudando a predecir y mitigar los riesgos asociados a las erupciones.
Además, el nanosatélite cuenta con dos antenas de radio, una de las cuales establece conexión directa con la estación terrestre de la UPAEP, mientras que la otra se comunica con una constelación de satélites, asegurando el contacto incluso cuando el Gxiba-1 se encuentra en el lado opuesto del planeta.
Con el análisis de los datos recopilados y el uso de algoritmos de inteligencia artificial, se prevé que este nanosatélite mejore la precisión en la predicción de erupciones volcánicas, contribuyendo así a la salvaguarda de vidas y a la protección de infraestructuras. El proyecto es el resultado de más de tres años de trabajo colaborativo de un equipo que incluye a 20 estudiantes y siete profesores de diferentes especialidades de ingeniería.


