El arzobispo de León, Jaime Calderón Calderón, ha nombrado a Diego Alejandro Porras Rodríguez como nuevo exorcista de la Diócesis, sumándose a los sacerdotes Jesús Ortíz Ayala y Juan Rodríguez Alba. Este nombramiento es parte de un esfuerzo por atender la creciente demanda de estos servicios en la región.
Diego Alejandro Porras, oriundo de León y ordenado sacerdote en 2008, actualmente se desempeña como director espiritual del Seminario Mayor Diócesano y es párroco de la comunidad de Los Ramírez. A sus 45 años, su incorporación refuerza el equipo de exorcistas en la Diócesis, que ya contaba con dos sacerdotes reconocidos.
El padre Jesús Ortíz Ayala, de 77 años, ha tenido una trayectoria notable en la Diócesis, desempeñándose como rector del Santuario Votivo de Cristo Rey y actualmente como vicario de la Catedral Metropolitana de León. Por su parte, Juan Rodríguez Alba, de 73 años, ha ocupado importantes cargos desde su ordenación, incluyendo ser párroco de San Pío X y director espiritual del Seminario Menor.
Este nombramiento surge en un contexto donde, según el arzobispo, se ha incrementado la preocupación por prácticas satánicas y esotéricas. En marzo, el arzobispo expresó la necesidad de más sacerdotes exorcistas, un eco de las preocupaciones manifestadas por el Papa León XIV en el Vaticano, donde se mencionó la importancia de contar con al menos un exorcista por Diócesis.
Para llevar a cabo un exorcismo, la Arquidiócesis de León ha establecido un protocolo que incluye un análisis inicial por parte del párroco. Este proceso busca asegurar que los problemas que enfrentan las personas sean realmente de naturaleza espiritual y no psicólogica. Según el arzobispo, una buena confesión es la respuesta más efectiva en muchos casos, y los casos que requieren un exorcista son revisados a fondo con la ayuda de médicos y un equipo de discernimiento.
El arzobispo también ha comentado sobre el incremento de fanatismo hacia figuras como la Santa Muerte, enfatizando que creer en Jesucristo es incompatible con tales prácticas. Esto resalta la preocupación por la falta de formación en la fe que puede llevar a las personas hacia estas creencias confusas.










