Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) presentado en la asamblea ambiental mundial advierte que las consecuencias del deterioro ambiental podrían afectar directamente a la economía y la salud de la población local, con pérdidas económicas y sanitarias significativas si no se cambian los modelos de desarrollo.
El estudio, elaborado por 287 científicos de 82 países, describe un panorama global marcado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo y la contaminación, y cuantifica ya un impacto económico y sanitario de miles de millones de dólares anuales.
Según el informe, esos peligros combinados provocan alrededor de nueve millones de muertes prematuras cada año y generan pérdidas económicas equivalentes a más del 6% del Producto Interno Bruto mundial, cifras que repercuten también en mercados y servicios locales.
Entre el 20% y el 40% de las tierras cultivables están degradadas, lo que afecta a más de 3.000 millones de personas, y cerca de un millón de especies están amenazadas de extinción, lo que compromete la seguridad alimentaria y los medios de vida en múltiples regiones.
El informe sostiene que invertir en un clima estable, ecosistemas saludables y reducción de la contaminación podría generar billones de dólares adicionales en PIB mundial, evitar millones de muertes prematuras y sacar a cientos de millones de personas del hambre y la pobreza, con beneficios macroeconómicos estimados en torno a 20 billones anuales en décadas futuras y mayores ganancias hacia el final de siglo.
Para lograr esas mejoras, el documento plantea dos rutas complementarias: una basada en cambios de comportamiento para reducir el consumo material y otra centrada en desarrollo tecnológico y consumo eficiente; ambas requerirían inversiones anuales elevadas hasta mediados de siglo, una carga inferior al coste económico de la inacción.
El informe subraya además la necesidad de integrar el conocimiento indígena y local para asegurar transiciones justas que combinen sostenibilidad ambiental y bienestar humano; la dirección del PNUMA advierte que la elección entre mantener el rumbo actual o cambiar de dirección es determinante para el futuro del planeta y las economías.
Aunque reconoce avances como la eliminación de la mayoría de sustancias que agotan la capa de ozono, la expansión de áreas protegidas, mejoras en la calidad del aire en algunas regiones y el crecimiento de las energías renovables, el organismo concluye que esos progresos son insuficientes ante la magnitud de la crisis.
Si se mantiene el modelo actual de desarrollo, la temperatura media global superaría 1,5 °C en el corto plazo y alcanzaría 2 °C en las próximas décadas, lo que podría reducir el PIB mundial de forma sostenida, aumentar la migración forzada y multiplicar muertes prematuras derivadas de la contaminación y la proliferación de residuos sólidos.


