La ONU Expresa Preocupación por Proyectos de Gas en el Golfo de California
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha manifestado su "profunda preocupación" al gobierno mexicano sobre la viabilidad climática y la legalidad de los megaproyectos de gas fósil licuado (GFL) previstos en el Golfo de California. Esta comunicación fue emitida tras la solicitud de apoyo de comunidades y organizaciones civiles en diciembre del año pasado, quienes demandaron frenar la expansión de estos proyectos en una región de gran valor ecológico.
En una misiva firmada por nueve relatorías especiales, la ONU advierte que la instalación de cuatro terminales de gas y dos gasoductos podría posicionar a México como el cuarto mayor exportador mundial de GFL, pero a un costo significativo para la salud pública, los ecosistemas y el cumplimiento de los compromisos climáticos del país.
El organismo destaca que el avance de estos megaproyectos sin evaluaciones ambientales adecuadas y sin la participación de las comunidades afectadas podría poner a México en riesgo de violar el Acuerdo de París y su propia Constitución. La comunicación subraya las preocupaciones sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y la contaminación tóxica resultantes de la quema de combustibles fósiles.
A la par de dirigirse a México, la ONU también ha enviado comunicaciones a Estados Unidos y Singapur, países de origen de las empresas involucradas en estos proyectos, instándolos a proporcionar información completa y realizar consultas adecuadas con las comunidades impactadas.
Organizaciones civiles que han difundido esta información expresan que el país se encuentra bajo "escrutinio internacional" y advierten que cualquier decisión que favorezca estos megaproyectos será considerada una responsabilidad directa del Estado. Asimismo, han instado a las autoridades a revocar autorizaciones que consideran irregulares y a garantizar el consentimiento libre e informado de las comunidades indígenas.
Las agrupaciones recalcan que esta es una oportunidad para que México dé un giro hacia políticas más sostenibles y alineadas con una transición energética justa, insinuando que ignorar este llamado podría conllevar costos políticos, ambientales y éticos irreparables.


