En París, el Musée d’Orsay presenta una doble exposición dedicada a Auguste Renoir que ofrece al público local una visión ampliada de su obra, tanto en su faceta más luminosa como en su trabajo como dibujante. La iniciativa sitúa a la ciudad como escenario para redescubrir al artista en dos registros complementarios.
La primera muestra se centra en escenas de amor idealizado y camaradería en los paisajes periféricos de la capital francesa, con cerca de sesenta piezas que ilustran esa visión positiva de la modernidad. Entre ellas destaca Le Déjeuner des canotiers, préstamo excepcional que permite ver en Francia una pintura que rara vez sale de Estados Unidos.
Completan ese conjunto obras conservadas en el propio museo y en otras colecciones internacionales, como Le Bal du moulin de la Galette y Les Parapluies, que contribuyen a la lectura del París del ocio y el placer. Los comisarios subrayan que las pinturas muestran una búsqueda de belleza y relaciones igualitarias, sin rasgos de dominación ni violencia.
A pocos metros, la segunda exposición, titulada Renoir Dessinateur, reúne alrededor de 120 piezas —dibujos, pasteles y acuarelas— para destacar la dimensión gráfica del pintor, menos conocida del gran público. La selección incluye 55 dibujos y una variada gama de técnicas, desde pluma e tinta hasta lápiz, carboncillo y tiza.
Los trabajos revelan retratos de contemporáneos célebres y de modelos anónimos, y apuntan a una práctica que alternaba la observación directa con estudios preparatorios para obras mayores. Los organizadores consideran que ambas exposiciones se complementan para ofrecer una imagen más completa del artista.
La fragilidad del soporte explica que muchos dibujos permanezcan habitualmente archivados y que su exposición sea poco frecuente, lo que hace especiales las piezas reunidas en esta ocasión. Entre los tesoros mostrados figura el dibujo preparatorio de Las grandes bañistas, una hoja que casi no se ha exhibido desde su ingreso en la colección.


