El regreso de Nicolas Sarkozy al banquillo de los acusados reabre en Francia un proceso que tiene impacto político e institucional a nivel nacional, al tratarse de la apelación por la presunta financiación libia de su campaña presidencial de 2007 y de una condena previa que afectó gravemente su imagen pública.
En la primera sesión del juicio en apelación, el expresidente compareció en el tribunal sin hacer declaraciones a la prensa y se sentó junto a otros acusados. Fue condenado en primera instancia a cinco años de prisión, pena por la que llegó a cumplir varias semanas antes de ser puesto en libertad provisional por motivos de edad.
Los magistrados volverán a examinar los testimonios que sustentaron la condena por asociación de malhechores, en los que se consideró probado un supuesto pacto de corrupción entre emisarios del entonces ministro del Interior y dignatarios del régimen libio. La sentencia anterior subrayó la existencia de esa cooperación, aun cuando la Justicia no halló rastro material de los pagos denunciados.
Los jueces estimaron que la intención probada era suficiente para la condena, pese a la ausencia de pruebas directas de las transferencias alegadas por varios testigos. La defensa mantiene la inocencia y cuestiona las conclusiones, mientras la acusación sostiene la versión de suministros de fondos provenientes del régimen de Muamar Gadafi.
Entre los condenados figuran dos cercanos colaboradores de Sarkozy, Claude Guéant y Brice Hortefeux, a quienes se atribuye haber mantenido reuniones con Abdallah Senoussi, presentado por la acusación como interlocutor del régimen libio y dispuesto, según la Fiscalía, a canalizar importantes sumas, hasta 6,5 millones de euros, a cambio de gestiones para evitar una condena a cadena perpetua.
Durante el proceso en primera instancia, el expresidente negó conocer esas reuniones; los jueces consideraron, no obstante, poco verosímil que allegados tan próximos no rindieran cuentas de ellas. Este caso, el tercero que ha terminado en condena, es el que más ha deteriorado su imagen pública y reavivó el debate sobre la relación entre poder político y justicia.
Sarkozy ha reiterado su inocencia y ha acusado a la Justicia de actuar por revancha, mientras que su paso por prisión le sirvió de material para un relato personal sobre la experiencia carcelaria, que alcanzó amplias ventas como otros libros suyos.


