En Michoacán y en otras comunidades, un estudio internacional pone en evidencia que algunos perros pueden aprender el nombre de sus juguetes escuchando conversaciones entre personas a las que no van dirigidas, un hallazgo relevante para propietarios y profesionales del comportamiento animal.
Investigadores comparan estas habilidades con las de niños de alrededor de 18 meses, capaces de aprender palabras tanto a partir de interacciones directas como de conversaciones escuchadas de forma pasiva.
Solo un pequeño grupo de perros muestra esta capacidad excepcional de asociar palabras a objetos; se les denomina perros dotados para aprender palabras. Entre ellos se han documentado ejemplares que reconocen decenas o incluso cientos de nombres de juguetes.
El experimento evaluó a diez de estos perros en dos pruebas: en la primera, el dueño hablaba y mostraba un juguete a otra persona durante sesiones de dos minutos a lo largo de cuatro días.
Cuando se solicitó al perro que buscara el nuevo juguete mezclado con otros en otra habitación, siete de los diez animales demostraron haber aprendido su nombre.
En una segunda prueba, los propietarios mostraban el juguete y luego pronunciaban su nombre cuando el objeto ya estaba fuera de la vista, separando temporalmente la percepción visual de la palabra; la mayoría de los perros también aprendió en esta condición.
Los resultados indican que estos animales pueden emplear mecanismos sociocognitivos variados para asociar etiquetas verbales a objetos, de forma análoga a procesos observados en niños pequeños, aunque los autores subrayan que estas habilidades son muy raras.
Los investigadores consideran a los perros dotados para aprender palabras como un modelo valioso para explorar capacidades cognitivas vinculadas al desarrollo del lenguaje, pero advierten que la combinación de predisposiciones individuales y experiencias únicas hace improbable que todos los perros adquieran estas habilidades.



