Tartar de róbalo, berenjena napolitana y ensalada de pera: empezamos con tres entradas que abren el apetito. Cada una aporta algo distinto —frescura, contraste y un toque ligero— y funcionan muy bien juntas para preparar el paladar.
Pescado dorada, pasta orzo de camarón y pulpo colosal: los platos fuertes mantienen esa línea. La dorada llega con la cocción justa, el orzo es consistente sin ser pesado y el camarón se integra naturalmente. El pulpo está en su punto y las papas cambray y las verduras a la leña acompañan sin restar protagonismo.
Fondant de chocolate, tiramisú de fresa y degustación de postres: el cierre es variado y divertido. Probar varias opciones en la misma mesa deja cada bocado con algo distinto y satisface a quien busca terminar la comida con un buen postre.


