En la política mexicana, los movimientos internos del gobierno han tenido repercusiones directas en la estructura local del poder y en la percepción de su capacidad de mando. Analistas señalan que estas maniobras afectan la estabilidad de los cuadros administrativos y la relación con los partidos.
Jesús Silva-Herzog Márquez describe desplazamientos de funcionarios en las últimas semanas, con el objetivo de preservar la unidad del partido, según el analista. Añade que esos movimientos incluyen otorgamiento de recompensas y, afirma, garantías de impunidad para ciertos actores.
Como ejemplo de la fragilidad del liderazgo, Silva-Herzog menciona el caso de Marx Arriaga, quien, tras ser removido de la Dirección General de Materiales Educativos, se atrincheró en su oficina. El incidente, sostiene el analista, evidencia dificultades para imponer disciplina en la administración pública.
Silva-Herzog sostiene que, a pesar del tiempo transcurrido en el ejercicio del cargo, la titular del Ejecutivo no ha logrado controlar plenamente la estructura administrativa que depende del gobierno. En su diagnóstico, ese desequilibrio convierte en débil, en la práctica, a una presidencia que en el papel ha acumulado poder.


