Las autoridades iraníes emitieron advertencias de evacuación dirigidas a varias instalaciones petroleras en países del Golfo, señalando que serían objeto de ataques en las próximas horas, lo que eleva la tensión en una región clave para el suministro energético global. Las órdenes instaron a ciudadanos, residentes y empleados a abandonar de inmediato las zonas afectadas y trasladarse a lugares seguros.
Las advertencias señalaron como objetivos potenciales la refinería Samref y el complejo petroquímico de Jubail en Arabia Saudita; el yacimiento de gas Al Hosn en los Emiratos Árabes Unidos; y el complejo petroquímico Mesaieed, la empresa Mesaieed Holding y la refinería Ras Laffan en Qatar. Estas instalaciones son infraestructuras críticas para la producción y transporte de hidrocarburos en la región.
Los mensajes se difundieron después de ataques contra instalaciones energéticas iraníes en las zonas de South Pars y Asaluyeh, donde un proyectil impactó parte de las instalaciones de gas y provocó incendios que fueron combatidos por equipos de rescate y extinción. Las autoridades locales informaron sobre las labores de control del fuego y las tareas de seguridad en el área afectada.
Un alto responsable israelí citado en informes indicó que el ataque contra instalaciones iraníes había sido coordinado con Estados Unidos, información que añade una dimensión internacional a las operaciones militares recientes. Fuentes iraníes calificaron la acción como un crimen y advirtieron que no quedaría impune, mientras amenazaron con responder a futuros ataques.
El Ejército iraní declaró que con estas acciones se modificarían las “líneas rojas” y que la confrontación podría desplazarse de enfrentamientos limitados a una guerra económica a gran escala, enfatizando la intención de reciprocidad frente a lo que describió como un intento de aumentar la presión sobre el país. Ese discurso apunta a una escalada de medidas dirigidas a infraestructuras consideradas seguras hasta ahora.
En un incidente anterior relevante, fuerzas extranjeras atacaron instalaciones en la isla de Kharg, un centro de almacenamiento petrolero de gran importancia para las exportaciones iraníes, lo que ya había sido señalado como un golpe a la capacidad logística del sector energético. Tras esos hechos, las autoridades iraníes advirtieron que podrían destruir infraestructura petrolera, económica y energética vinculada a Estados Unidos en la región si sus instalaciones vuelven a ser atacadas.
La serie de amenazas y contraataques mantiene en alerta a los países del Golfo y a los operadores energéticos internacionales, que vigilan con preocupación el posible impacto sobre la producción y el transporte de hidrocarburos. La situación continúa en evolución y alimenta la incertidumbre sobre la seguridad de las cadenas de suministro en la región.


