El control del estrecho de Ormuz, vía clave para el suministro de combustibles y fertilizantes, tiene repercusiones directas en el abastecimiento y la economía local; cualquier cambio en su operativa afecta precios y disponibilidad de productos básicos. En ese contexto, Irán anunció que facilitará y agilizará el tránsito de ayuda humanitaria y embarques agrícolas por esa vía, tras una solicitud de Naciones Unidas.
El embajador iraní ante la ONU en Ginebra informó que Teherán aceptó permitir el paso de ayuda y cargamentos esenciales por el estrecho, que habitualmente concentra una parte importante del comercio petrolero y de fertilizantes mundial. La medida sería el primer avance en el área desde el inicio del conflicto, cuando el bloqueo y las restricciones amenazaron la seguridad alimentaria global.
La Organización de Energía Atómica de Irán comunicó que dos instalaciones nucleares fueron atacadas horas después del anuncio. Medios estatales y fuentes oficiales iraníes identificaron como objetivos el complejo de agua pesada en Arak y una planta de concentrado de uranio en la provincia de Yazd; las autoridades señalaron que no hubo víctimas ni riesgo de contaminación.
El ejército israelí asumió la responsabilidad de los ataques y los describió como un golpe importante al programa nuclear iraní, afirmando que uno de los sitios procesaba materias primas para el enriquecimiento. Irán respondió con advertencias de represalias y órdenes a empleados de empresas vinculadas a Estados Unidos e Israel para que abandonen sus puestos de trabajo.
Según autoridades iraníes, la planta de Arak no estaba en operación tras un ataque previo, y se explicó que el concentrado de uranio y el agua pesada son materiales relacionados con actividades nucleares civiles e industriales. La Guardia Revolucionaria prometió tomar medidas en represalia y advirtió que la respuesta no se limitaría a una simple reciprocidad.
En medio de la escalada, el ejército israelí reportó impactos de misiles procedentes de Irán y se activaron sirenas en áreas como Beer Sheba y zonas cercanas a centros de investigación nuclear de Israel, que ya habían sido blanco de ataques recientes. La tensión ha aumentado la presencia de intercambios militares en distintos frentes de la región.
Estados Unidos impulsó simultáneamente una vía diplomática y presentó a Irán una propuesta con múltiples puntos para un posible alto el fuego, que incluye restricciones al programa nuclear y la reapertura del estrecho de Ormuz. Irán rechazó esa lista y ofreció su propia propuesta con cinco puntos, que contempla indemnizaciones y el reconocimiento de su soberanía sobre la vía marítima.
El presidente estadounidense afirmó que las conversaciones avanzaban y concedió más tiempo a Irán para reabrir el estrecho, al mismo tiempo que amenazó con medidas contundentes si no se cumple el plazo que fijó. Irán, por su parte, ha dicho que no participa en negociaciones de la manera planteada por Washington.
La incertidumbre por el conflicto tuvo efectos en los mercados financieros y de materias primas. Los principales índices bursátiles estadounidenses registraron caídas significativas en una jornada de fuertes pérdidas acumuladas, mientras los precios del crudo continuaron al alza y la presión sobre los precios de los combustibles aumentó.
Con los precios de la gasolina en niveles preocupantes, legisladores han presionado para suspender el impuesto federal sobre el combustible; la medida encuentra eco en la discusión política, aunque las propuestas varían entre una suspensión federal y decisiones estatales sobre la carga impositiva.
Además de los ataques a instalaciones nucleares, el Ejército israelí informó haber atacado sitios en Irán vinculados a la producción de misiles y otras armas, así como lanzamisiles y depósitos en el oeste del país. Fuentes en Líbano reportaron incidentes con humo y víctimas mortales tras bombardeos en Beirut.
Arabia Saudita anunció que derribó misiles y drones dirigidos a Riad, y Kuwait informó daños materiales en puertos clave, incluido un proyecto vinculado a la iniciativa de infraestructura china. China, mientras tanto, ha continuado sus compras de crudo iraní en el marco de relaciones comerciales que siguen activas pese a la guerra.
La situación continúa siendo volátil y con alto potencial de escalada, mientras actores regionales y globales combinan presiones militares y diplomáticas para encauzar la crisis. Las decisiones próximas sobre el control del estrecho de Ormuz y la respuesta a los ataques determinarán en gran medida la evolución del conflicto y sus efectos económicos.


