Las lluvias torrenciales que afectan a numerosas provincias de Afganistán y a la vecina provincia paquistaní de Khyber Pakhtunkhwa han golpeado con fuerza a comunidades locales, dejando al menos 45 muertos, 105 heridos y daños en infraestructuras y medios de vida.
En Afganistán, la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres informó de 28 fallecidos y 49 heridos, la mayoría por inundaciones repentinas, deslizamientos de tierra e impactos de rayos, y señaló que el temporal ha afectado a una veintena de provincias.
Las autoridades afganas contabilizan más de 560 viviendas afectadas y 1.130 familias damnificadas; casi 3.000 hectáreas de cultivos quedaron anegadas y se perdieron más de 240 cabezas de ganado, lo que agrava la vulnerabilidad económica de las zonas rurales.
En Khyber Pakhtunkhwa, la autoridad provincial de gestión de desastres confirmó al menos 17 muertos y 56 heridos, y señaló que la mayoría de las víctimas son menores de edad.
Varios colapsos de viviendas de adobe provocaron la muerte de 14 niños en incidentes separados, según los reportes oficiales, en zonas donde las construcciones son especialmente frágiles ante las lluvias.
Ambos países mantienen activos sus centros de operaciones de emergencia, aunque las labores de búsqueda y rescate se ven dificultadas por la orografía montañosa y el deficiente estado de muchas edificaciones en áreas de riesgo.
Los servicios meteorológicos pronostican lluvias intermitentes en los próximos días y las autoridades han instado a la población a evitar desplazamientos innecesarios y a mantenerse alejada de cauces de ríos ante el riesgo de nuevos corrimientos de tierra.
Estos episodios son recurrentes en la región, que enfrenta una combinación de eventos meteorológicos extremos, infraestructura insuficiente y limitada capacidad de respuesta en las zonas más aisladas.


