La decisión de liberar reservas estatales de crudo responde a la necesidad de garantizar el suministro y contener el impacto en los precios dentro de Japón tras la interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. El Ejecutivo inició la salida al mercado de millones de barriles para paliar las pérdidas de abastecimiento y proteger el consumo doméstico.
Los barriles puestos a la venta equivalen a aproximadamente un mes de consumo nacional y serán entregados a cuatro grandes petroleras que los adquirieron por 540.000 millones de yenes, en torno a 2.900 millones de euros, según medios japoneses. La medida complementa liberaciones previas de las reservas privadas del sector, destinadas a reducir la presión sobre el mercado interno.
La primera ministra Sanae Takaichi anunció además la apertura gradual de reservas conjuntas que Japón mantiene con países productores como Arabia Saudita y Kuwait. Estas acciones forman parte de una estrategia más amplia para diversificar herramientas frente a la interrupción de suministros.
Japón importa cerca del 90% de su crudo desde Oriente Medio, lo que hace especialmente sensible al país frente a tensiones en la región y refuerza la prioridad de asegurar fluxos estables de energía. El gobierno también ha aprobado subsidios a las petroleras con el objetivo de mantener el precio de la gasolina alrededor de 170 yenes por litro, tras alcanzar máximos superiores a esa cifra.
En Tokio, la primera ministra se reunió con el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, y solicitó la preparación de posibles liberaciones coordinadas adicionales si la guerra en Irán se prolonga. Birol confirmó la disposición de la AIE a movilizar reservas adicionales si fuera necesario y agradeció el apoyo de Japón a las decisiones de liberar cantidades significativas de crudo de las reservas estratégicas de países miembros.


