En Roma, el papa León XIV, obispo de la ciudad, cerró el ciclo litúrgico con una homilía en la basílica de San Pedro en la que alertó sobre planes para «conquistar» el mundo mediante «estrategias armadas y revestidas de discursos hipócritas», una advertencia con repercusiones para la capital y la Iglesia local.
El pontífice pidió un «designio sabio, benévolo y misericordioso» que sea un proyecto libre, liberador y pacífico, y subrayó la necesidad de esperanza sostenida por personas sencillas.
Contraponía ese ideal a lo que definió como otros designios que envuelven al mundo, orientados a ganar mercados, territorios y zonas de influencia mediante estrategias armadas y argumentos ideológicos y religiosos falsos.
Durante el rito en el que se entona el himno del Te Deum en señal de agradecimiento por el año transcurrido, el papa presidió por primera vez este acto en la basílica vaticana desde su elección.
La lectura de la Carta de San Pablo a los Gálatas, que evoca la plenitud del tiempo con el nacimiento del Hijo de Dios, sirvió de inspiración para que el pontífice hablara de un «designio grande y misterioso» que sustenta la historia humana.
Aludió asimismo al Jubileo, que ha atraído a Roma a decenas de millones de peregrinos en busca de indulgencia, y calificó ese acontecimiento como «la señal de un mundo nuevo, reconciliado y renovado según el diseño de Dios».
Agradeció a quienes participaron en la organización del Año Santo; entre los asistentes, el alcalde de Roma ocupó un lugar en primera fila.
También reclamó que la ciudad esté a la altura de sus ciudadanos más vulnerables: niños, ancianos solos y frágiles, familias en apuros y las personas llegadas de lejos en busca de una vida digna.
Los ritos propios del periodo navideño continuarán con la misa en la basílica vaticana por la solemnidad mariana que cada año coincide con la Jornada Mundial por la Paz.


