En un suceso inusual, un propietario de un Dodge Charger eléctrico ha sido multado en Minnesota por supuestamente generar un “escape demasiado ruidoso” y por “alterar el orden público”. La situación ha generado sorpresa, dado que el vehículo no cuenta con un motor de combustión ni un sistema de escape tradicional.
El propietario, quien se encontraba detenido en un semáforo detrás de otros ocho vehículos, fue abordado por un agente de policía tras la aceleración repentina de un coche que estaba al frente. A pesar de sus intentos por explicar que su automóvil es un modelo eléctrico y, por lo tanto, carece de sistema de escape, el agente no escuchó sus argumentos y procedió a imponer la multa.
El Dodge Charger Daytona eléctrico está equipado con un dispositivo denominado Fratzonic Chambered Exhaust, que utiliza altavoces para emular el sonido de un motor de gasolina V8. Esta característica tiene como objetivo evocar la experiencia emocional asociada con los tradicionales muscle cars. Sin embargo, no produce ningún ruido proveniente de un escape auténtico.
Además de la sanción por el «ruido excesivo», el conductor recibió otra multa por no portar matrícula delantera. Existen dos versiones sobre el incidente: mientras el conductor sugiere que el ruido provino de otro vehículo y no del suyo, la interpretación del agente llevó a la emisión de la multa por un concepto que resulta cuestionable dado que el Charger no tiene un escape convencional.
A medida que transcurre el tiempo, el caso sigue sin resolverse. El propietario ha tratado de obtener información del juzgado sobre la audiencia, sin éxito en los últimos meses. Esto ha suscitado la hipótesis de que el tribunal reconoce la insensatez de sancionar a un coche eléctrico por un escape que no existe.
Por el momento, el propietario aguarda una resolución que podría sentar un precedente respecto a cómo las regulaciones actuales interactúan con la creciente adopción de vehículos eléctricos. Este incidente es un claro ejemplo de los desafíos que surgen en la transición hacia una movilidad más sostenible, poniendo de manifiesto la complejidad de adaptar normas antiguas a una nueva realidad automovilística.



