La fotógrafa fue invitada a la Semana del Cine de la Comisión Fílmica de Morelia, donde presentó un cuerpo de trabajo vinculado a la familia, la memoria y las coincidencias que han marcado su trayectoria, lo que dio relevancia local a su participación en el encuentro cultural. Su práctica artística busca relacionar historias personales con problemáticas sociales, y su presencia en el festival acercó esa propuesta al público de la región.
Nacida en Cuba de padres yugoslavos y llegada a México en la infancia, se identifica plenamente como mexicana y vive en las afueras de la Ciudad de México, en un entorno que le permite conjugar tranquilidad con el contacto con la escena artística citadina. Ese trasfondo multicultural aparece en la mezcla estética y temática de su obra.
Un hallazgo fortuito marcó su interés temprano por la imagen: una pequeña fotografía en blanco y negro, con bordes craquelados, en la que aparece de niña con una cámara Brownie sentada en una banca donde se leía la palabra “Justicia”. Esa imagen se convirtió en una referencia sobre la que ha reflexionado a lo largo de su carrera.
La autora defiende la fotografía como un oficio comprometido con el relato y la observación; distingue entre quienes toman imágenes y quienes se forman como fotógrafos y subraya la empatía como rasgo central en su trabajo, pues le permite acercarse a las experiencias ajenas y traducirlas visualmente. Sus proyectos buscan documentar y problematizar realidades sociales desde una perspectiva humana.
Ante la transformación digital, manifiesta preocupación por la manipulación de la imagen y por la discusión sobre la veracidad fotográfica que plantean las nuevas tecnologías. Señala que la transición del documento fotográfico al entorno digital obliga a replantear criterios éticos y estéticos, aunque mantiene que la disciplina sigue enseñando a mirar con atención.
Su método de trabajo privilegia los proyectos de largo aliento: desarrolla series durante años y las agrupa bajo un único título que engloba el conjunto, evitando recurrir a pies de foto individuales. Ese enfoque le permite profundizar en los temas y construir narrativas más complejas.
Se declara orgullosa de su obra y lamenta no haber comenzado antes en la fotografía; admite, sin embargo, que utiliza el teléfono celular para tomar imágenes cuando lo considera pertinente. Entre sus referentes personales figura su abuela materna, Elizabeth, cuya máxima —“Nunca aceptes la palabra no como respuesta”— influyó en su determinación profesional.
Para ella, la cultura es una razón de vida y un eje fundamental en su quehacer; sus proyectos exploran la intersección entre memoria familiar, destino y compromiso social, y su participación en espacios como la Semana del Cine de Morelia reafirma la conexión de su trabajo con audiencias e instituciones culturales locales.


