Para los siete mil habitantes de Kiritimati y las comunidades del Pacífico sur, el nuevo año llegó antes que en otras regiones por la diferencia horaria, que sitúa a esas islas más de medio día por delante de la hora media de Greenwich, con impacto directo en la vida local y en las celebraciones comunitarias.
La secuencia de cambio de año se extendió por Oceanía: tras Kiritimati fueron las Islas Chatham y luego territorios como Samoa y Tonga, así como la región neozelandesa de Auckland, que marchan por delante de Fiyi.
En Sídney, la primera gran ciudad mundial en recibir el año, miles de personas se concentraron en la bahía para presenciar los fuegos artificiales que iluminan el puerto, con alrededor de 40.000 efectos pirotécnicos distribuidos en edificios, barcazas, el puente y la ópera.
Las celebraciones en la ciudad estuvieron marcadas por un atentado reciente en la turística playa de Bondi, en el que dos personas abrieron fuego y murieron 15 personas, un hecho que condicionó el tono de los actos.
Los organizadores guardaron un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas y proyectaron una menorá sobre los pilones del Harbour Bridge, que también se iluminó de blanco; además, se desplegó un fuerte dispositivo policial, con varios miles de agentes, algunos armados.
En la zona afectada las celebraciones fueron suspendidas mientras las autoridades mantienen el control y continúan las investigaciones.
A medida que avanzó la jornada, el año nuevo se desplazó hacia Europa —con Rusia como primer país europeo en recibirlo— y luego hacia América, donde las celebraciones comenzaron en países como Argentina y Chile y concluirán en islas de Estados Unidos, entre ellas Hawaii.


