La propuesta de Irán para suspender temporalmente su programa de enriquecimiento de uranio por cinco años podría tener repercusiones en la seguridad regional y en la política exterior y energética de países cercanos y aliados. La oferta fue planteada durante las negociaciones celebradas en Islamabad, según fuentes citadas por medios internacionales.
Teherán propuso detener las actividades de enriquecimiento por un periodo de hasta cinco años, en respuesta a la exigencia de Estados Unidos de una suspensión mucho más prolongada, de alrededor de dos décadas, que fue rechazada por la parte estadounidense. Los responsables de ambos países mantuvieron posiciones enfrentadas sobre la duración y las condiciones de la suspensión.
Irán también insistió en mantener dentro de su territorio las reservas de uranio altamente enriquecido, en desacuerdo con la solicitud estadounidense de retirarlas del país. Como alternativa, ofreció reducir significativamente el nivel de enriquecimiento para impedir su uso inmediato en la fabricación de armas nucleares.
Fuentes consultadas advierten, no obstante, que el material diluido podría ser reprocesado en el futuro hasta alcanzar niveles aptos para uso militar, lo que constituye un punto de fricción clave entre las partes. Ese riesgo técnico sigue siendo objeto de debate en las conversaciones.
Se evaluó la posibilidad de una nueva ronda de negociaciones presenciales, aunque por ahora no se ha concretado ninguna fecha ni plan. Las diferencias persistentes sobre los términos de un eventual acuerdo mantienen abierto el impasse.
El vicepresidente estadounidense declaró que no califica las negociaciones como un fracaso y afirmó que el avance dependerá de que Irán acepte los puntos clave planteados, sin ofrecer detalles adicionales. También señaló que algunas cosas habían salido bien durante las conversaciones.


