La Unesco urgió a actualizar los tratados internacionales sobre educación, una petición que incide directamente en las políticas educativas locales y en la formación del profesorado en cada comunidad. Reclama incorporar novedades como la alfabetización digital para adaptar los marcos legales a los cambios actuales.
La organización subrayó que la alfabetización del siglo XXI debe incluir habilidades digitales y señaló la adecuación a la inteligencia artificial como uno de los principales retos. Propone además límites de edad y criterios éticos para el acceso a herramientas generativas.
Advirtió la necesidad de incorporar decenas de millones de docentes adicionales a nivel mundial, con una concentración importante de esa demanda en el África subsahariana. El déficit de personal docente es presentado como un desafío clave para garantizar la cobertura y la calidad educativa.
En un simposio celebrado en su sede de París, la Unesco reconoció avances significativos en acceso y permanencia escolar, pero advirtió que persisten asignaturas pendientes que requieren decisiones políticas y financiación sostenida.
La organización destacó mejoras en la duración de la escolarización, con un aumento notable en el porcentaje de niños que reciben más de nueve años de educación básica, y una mayor tasa de finalización de la primaria. Estas ganancias coexisten, sin embargo, con un elevado número de personas aún fuera del sistema educativo.
Aunque la matrícula en primaria ha crecido hasta niveles próximos a la universalidad en muchos países, el total de personas sin escolarizar sigue siendo muy alto, superando los doscientos setenta millones. La Unesco reclama medidas para reducir esa cifra y mejorar la inclusión.
La agencia internacional valoró los avances hacia la paridad de género y el incremento de las tasas de alfabetización en numerosos territorios, especialmente en África subsahariana, pero recordó que cientos de millones de jóvenes y adultos carecen de las habilidades básicas de lectura y escritura.
También señaló un fuerte aumento del acceso a la educación superior, con más del doble de estudiantes universitarios con respecto al inicio del siglo, y defendió como meta un mínimo de doce años de educación pública y de calidad, con nueve años obligatorios y un año preescolar, junto a una educación superior asequible e inclusiva.
Sobre la inteligencia artificial, la Unesco afirmó que los docentes deben mantenerse en el centro del proceso educativo y pidió un uso ético, responsable y crítico de estas tecnologías; recomendó además que las aplicaciones generativas no estén disponibles para niños menores de trece años.
En materia de financiación, la agencia calculó un déficit global de decenas de miles de millones de dólares para atender las necesidades educativas, y señaló marcadas desigualdades: el gasto por alumno es muy bajo en los países más pobres frente a cifras muy superiores en los países más ricos. Advirtió además una reducción de la proporción de la ayuda internacional destinada a la educación.
Los conflictos y el cambio climático figuran entre las amenazas que comprometen el avance educativo: la proporción de niños que viven en zonas de conflicto ha aumentado y cerca de una quinta parte de la población infantil está afectada por esas situaciones. Asimismo, cientos de millones de estudiantes han experimentado interrupciones por fenómenos meteorológicos extremos y mil millones de niños viven en zonas de alto riesgo climático.
La Unesco señaló que decenas de miles de escuelas en numerosos países ya han adoptado recomendaciones sobre prácticas ecológicas y animó a ampliar esa adopción hasta alcanzar una proporción sustancial de centros en la próxima década.


