Un ataque en la aldea de Kasuwan-Daji, en el área de gobierno local de Borgu, en el estado de Níger, dejó decenas de muertos y puso en alerta a la comunidad local, que vio su mercado y varias viviendas incendiados y a muchos vecinos desaparecidos. El suceso ha agravado la sensación de inseguridad en la zona debido a la magnitud de las pérdidas y a la falta de acceso seguro para recuperar a los cuerpos.
Hombres armados irrumpieron por la noche y abrieron fuego contra los pobladores; testigos señalaron que el asalto duró hasta tres horas y que los atacantes huyeron hacia áreas boscosas cercanas. La policía informó que los agresores partieron desde el Bosque del Parque Nacional a lo largo del distrito de Kabe, una ruta que se ha utilizado en otros episodios violentos.
Las cifras sobre el número de víctimas difieren: las autoridades estatales hablan de al menos 30 muertos, mientras que residentes apuntan a 37 y un portavoz de la Iglesia Católica de la diócesis de Kontagora dijo que podrían ser más de 40, además de varios secuestrados, incluidos niños. Familiares y vecinos advierten que el conteo podría aumentar porque todavía hay personas desaparecidas.
La policía aseguró haber desplegado agentes para buscar a los secuestrados y controlar la zona, pero residentes afirmaron que las fuerzas de seguridad no habían llegado al área al cierre de los reportes. Esa discrepancia ha generado desconfianza entre los habitantes y dificultades para las labores de rescate y recuperación.
El presidente de Nigeria condenó el ataque y ordenó a las fuerzas de seguridad perseguir a los responsables y rescatar a los rehenes, advirtiendo que quienes ayuden o faciliten estas acciones serán llevados ante la justicia. El gobierno repite la intención de combatir la violencia que afecta a comunidades remotas del norte del país.
La región ha registrado una ola de ataques similares en los últimos meses, donde bandas armadas aprovechan la presencia limitada del Estado en áreas rurales y el refugio que ofrecen extensas reservas forestales. En la misma zona, la comunidad cercana de Papiri sufrió un secuestro masivo de escolares y docentes meses atrás, lo que evidencia un patrón de violencia contra poblaciones vulnerables.
Sobrevivientes y vecinos dijeron tener miedo de regresar a la aldea mientras no haya garantías de seguridad para recuperar a los fallecidos y atender a los heridos, lo que complica la respuesta humanitaria y aumenta la tensión en la comunidad.


