La designación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses según informes, tiene repercusiones que preocupan a la comunidad venezolana residente en Michoacán y a empresas con vínculos en el país sudamericano.
Rodríguez, de amplia trayectoria en el poder, es una figura influyente del círculo gobernante y ha cultivado relaciones con el sector privado mientras defiende políticas económicas ortodoxas en momentos de crisis.
Apodada en ocasiones como “la zarina” por su poder dentro del gobierno y conocida por su gusto por la ropa de lujo, ha ocupado cargos clave como vicepresidenta, ministra de Finanzas, de Hidrocarburos, de Comunicación, canciller y presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente.
Trabaja estrechamente con su hermano, jefe de la Asamblea Nacional, y proviene de una familia con antecedentes en la militancia de izquierda; su padre fue una figura controvertida por su pasado político y su muerte bajo custodia policial.
Abogada especializada en derecho laboral, con formación posgradual en Francia e Inglaterra, combina su actividad política con una fuerte presencia en eventos del sector privado y una agenda internacional centrada en China, Rusia y Turquía.
En materia económica, impulsó medidas de ajuste como recortes del gasto, restricción del crédito y anclaje cambiario para contener la inflación; en momentos de menor oferta de divisas también autorizó depreciaciones significativas de la moneda local.
Durante su gestión vinculada a las carteras de Finanzas e Hidrocarburos mantuvo una producción petrolera que, a pesar de las limitaciones del sector, se situó en torno a promedio de un millón de barriles por día, según registros oficiales.
Su trato con compañías extranjeras, incluida la presencia de empresas como Chevron, y su participación habitual en foros empresariales la distinguen de otros miembros del gobierno que redujeron ese contacto en años recientes.
Tras la caída de Maduro, Rodríguez exigió su liberación y aseguró que es “el único presidente de Venezuela”, mientras que un expresidente de Estados Unidos que informó sobre la operación la elogió inicialmente y luego advirtió sobre posibles consecuencias si no actuaba conforme a sus expectativas.


