La advertencia del líder supremo de Irán eleva la tensión en la región y afecta la seguridad local, en particular la circulación por el estrecho de Ormuz y la situación interna del país. Sus palabras se producen en medio de conmemoraciones oficiales y de una fuerte respuesta gubernamental a las protestas recientes.
El ayatolá Alí Jamenei afirmó que cualquier ataque por parte de Estados Unidos desataría «una guerra regional», en un discurso pronunciado ante una multitud en su complejo en Teherán. Señaló además que Estados Unidos busca los recursos del país y remarcó que Irán no busca iniciar conflictos, pero responderá con firmeza si es agredido.
Desde Washington, el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln y de buques de su escolta en el mar Arábigo intensificó las señales de confrontación, medida anunciada tras la represión de las protestas. El envío de fuerzas se enmarca en las advertencias y amenazas verbales de la administración estadounidense hacia Teherán.
Jamenei calificó las protestas de «un golpe» y respaldó la actuación del gobierno, mientras informes de organizaciones y medios han señalado detenciones masivas desde el inicio de las manifestaciones. Las autoridades iraníes han acusado a manifestantes de atacar instalaciones estatales y de quemar copias del texto sagrado, según el discurso oficial.
Los cargos por sedición en Irán pueden implicar la pena de muerte, lo que ha aumentado la preocupación internacional sobre la posibilidad de ejecuciones entre los arrestados. Esa posibilidad fue citada también como una de las líneas rojas por la administración estadounidense.
Irán tenía previsto realizar maniobras militares con fuego real en el estrecho de Ormuz, zona estratégica por donde pasa una parte importante del petróleo comercializado. El Comando Central del ejército de Estados Unidos advirtió que las prácticas no representarían una amenaza para sus buques o aeronaves ni interrumpirían el tráfico comercial.




