Por Mario Villegas
La austeridad republicana no admite matices. O se vive, o se simula.
Jesús López Garibay, secretario general de Morena en Guanajuato, aparece sonriente en Las Vegas, Nevada. No en cualquier esquina. No en una visita discreta. Sino en el entorno de lujo del complejo The Venetian Resort, uno de los íconos del turismo de alto consumo en Estados Unidos.
La escena tiene un detalle que raya en lo irónico: Garibay posa con la bandera de AMLO, el presidente que convirtió la austeridad en doctrina moral.
Una bandera levantada en medio de góndolas artificiales, boutiques exclusivas y arquitectura diseñada para el espectáculo del gasto.
La imagen no necesita explicación se explica sola. Austeridad para el discurso, Morena ha construido su identidad política bajo una narrativa clara: sobriedad, rechazo al derroche, distancia ética frente a “los excesos del pasado”.
Pero la política no vive solo de palabras. Vive de símbolos y el símbolo que hoy circula es el de un dirigente estatal disfrutando de un destino que difícilmente puede asociarse con frugalidad, nadie cuestiona el derecho a viajar. Lo que se cuestiona es la coherencia. ¿Más preocupado por Venezuela que por Guanajuato?

Hace semanas, en campañas y posicionamientos políticos, el discurso fue otro: Estados Unidos debía “sacar las manos de Venezuela” se habló de soberanía latinoamericana se criticó la influencia extranjera pero cuando llega el momento de elegir destino, el lugar no es una comunidad de Guanajuato, no es una gira territorial, no es un encuentro ciudadano. Es Las Vegas.
El contraste es inevitable: indignación política hacia Washington… y selfie sonriente en el corazón del entretenimiento estadounidense.
La pregunta legítima ¿Fue un viaje personal?¿Fue con recursos propios? ¿Hubo agenda partidista?. La transparencia en un movimiento que presume superioridad moral, debería ser automática.
Porque cuando se predica austeridad como principio ético, la congruencia no es opcional.
El fondo del asunto México enfrenta problemas graves: violencia, inseguridad, desafíos económicos y sociales que requieren liderazgo enfocado.
Sin embargo, la imagen que hoy se proyecta no es la de un dirigente concentrado en la realidad local. Es la de alguien cómodo en escenarios de lujo extranjero, levantando una bandera que representa justo lo contrario de ese entorno, no es un delito viajar pero sí es políticamente riesgoso predicar austeridad mientras se coleccionan postales de alto perfil.
La política castiga menos el viaje…
que la incongruencia el seguidor confeso de Emiliano Zapata terminó abrazando la estética de aquello que el zapatismo combatía. Zapata murió denunciando la concentración y el privilegio su supuesto heredero político posa, sonriente, en uno de los santuarios del lujo global.
No es un delito viajar es una contradicción predicar austeridad mientras se elige el escaparate del exceso, la congruencia no se presume se demuestra y en esa fotografía lo que se demuestra es otra cosa.


