Los ataques han tenido un impacto directo en la seguridad y la conectividad de varias ciudades iraníes, con especial afectación a instalaciones aéreas y centros urbanos, según fuentes locales. La magnitud de las operaciones ha alterado la vida cotidiana y las comunicaciones en las zonas afectadas.
La Fundación de los Mártires y Asuntos de los Veteranos informó que al menos 1.045 personas han muerto en los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán. La organización indicó que las víctimas «han muerto como mártires y han sido enterradas», en los términos utilizados por la entidad pública.
El quinto día de hostilidades comenzó con nuevos ataques contra varios puntos de Teherán, la ciudad sureña de Shiraz y la región central de Isfahán. Las autoridades iraníes reportaron impacto en instalaciones civiles y militares en esas localidades.
Entre los objetivos atacados figuraron tres aeródromos, incluido el Aeropuerto Internacional de Mehrabad, que opera vuelos nacionales. También fueron alcanzados el aeródromo de Payam en Karaj, a unos 50 kilómetros al oeste de Teherán, y el de Bushehr, donde un avión resultó destruido, según los partes oficiales.
Las cifras ofrecidas por la Fundación se consideran provisionales debido a las restricciones de acceso a las zonas atacadas, la interrupción casi total de Internet y las dificultades para la verificación independiente sobre el terreno. Estas limitaciones complican la evaluación independiente del alcance humano y material del conflicto.
Estados Unidos justificó la operación militar a gran escala como un movimiento «preventivo», alegando que Irán preparaba un ataque contra sus fuerzas. El Gobierno iraní rechazó esa versión: el ministro de Exteriores, Abás Araqchí, negó que Irán estuviera preparando una ofensiva y afirmó en la red social X que Estados Unidos decidió entrar en la guerra a favor de Israel y que «nunca existió una supuesta amenaza de Irán contra Estados Unidos».


