Rolando Daza
Apunte:
Sin duda, nuestra realidad ya es otra. En más de un año gobernando el país más poderoso del mundo, Trump ha cambiado la geopolítica de manera irreparable. Un orden internacional sobre el que vivíamos se derrumbó, mostrándose como obsoleto luego que los estadounidenses se atrevieran a intervenir en naciones extranjeras, mostrando que no hay nadie quien pueda enfrentar a la superpotencia, destruyó el mundo donde los países creaban bloques de cooperación.
La información que fluye en los diversos medios y países muestra que la intervención de USA no es por compasión hacia el pueblo iraní. La decisión no fue por las décadas de represión mortal y fanatismo, ni el deseo de liberar a una sociedad atrapada por los ayatolás. La decisión se comprende desde tres ámbitos de la visión de la presidencia: dominio, corrupción y cálculo electoral.
La explicación geopolítica es clara, energía y contención de China. El petróleo es más que petróleo. Es inflación, cadenas de suministro y capacidad de presión. Irán exporta, por el estrecho de Ormuz, cerca del 38% del petróleo que importa China. Es la ruta de energía para sostener el crecimiento económico chino.
Cada intimidación sobre Ormuz encarece seguros, altera mercados y pone presión sobre la economía a China.
El segundo aspecto a considerar es la política exterior como red de corrupción de favores. Trump se mueve por ganancias transaccionales. Su orientación con Netanyahu y con los socios árabes del Golfo se parece a un sistema de cobros, respaldos, compensaciones, negocios presentes y futuros.
Estados Unidos pone el músculo, los socios ponen apoyo, regalos y proyectos que dejarán mucho dinero. El poderío militar del ejército estadounidense parece, por momentos, el brazo ejecutor de una cadena de compromisos personales.
El otro aspecto, el caos como método de “gobernabilidad”. Si no hay demasiado que presumir en materia de mejoras económicas, siempre queda la confrontación. A la vez que genera una cortina de humo y aturde con ruido informacional para minimizar los efectos derivados de los archivos Epstein.
Lo que pretende es que la guerra contamine el ambiente, desplace la conversación pública para intentar afianzar su poder a partir de sembrar odio contra quienes se le oponen. La “defensa de la patria” se convierte en una producción de sospechas, el terreno ideal para un liderazgo que necesita dividir para seguir mandando.
La intervención militar en Irán rompe una de las promesas más importantes del trumpismo. Su mensaje de campaña no más “forever wars”, no más jóvenes estadounidenses enviados a morir en tierra ajena para sostener aventuras imperiales sin fin.
Trump vendió durante años la idea de que él, como “genio” de la negociación, no arrastraría a su país a guerras interminables. Sin embargo, el disruptor en jefe envía un mensaje a todo el mundo mostrando la naturaleza del poder estadounidense.


