En Irapuato, la comunidad educativa despidió a la maestra María Evangelina Fonseca en una ceremonia que reconoció su trayectoria y su aporte a la escuela Luis Chávez Orozco, donde trabajó durante 26 años.
La ceremonia reunió a docentes, padres de familia y exalumnos, y se centró en las experiencias y logros vinculados al trabajo educativo de la docente.
Fonseca señaló que los mayores logros no se encuentran en los reconocimientos formales, sino en los resultados que alcanzan los estudiantes y en la respuesta de las familias ante el trabajo escolar.
La maestra relató que, aunque al principio dudó sobre permanecer en la escuela Luis Chávez Orozco —prefería otra institución en el centro—, con el tiempo consideró su decisión como una de las más significativas de su carrera.
Entre las satisfacciones que destacó están la colaboración de padres comprometidos y el perfil de los alumnos, a los que describió como respetuosos y dedicados, factores que atribuyó al avance académico de los estudiantes.
Como ejemplos del impacto de su trabajo mencionó a Diego Cervantes, que participó en la Olimpiada del Conocimiento Infantil, y a Jesús Gutiérrez, alumno que años después se tituló como profesional y actualmente colabora en el DIF y en la Procuraduría en Guanajuato.
También recordó anécdotas recientes, como la de una familiar que le comunicó que uno de sus exalumnos, Isaac, concluyó la carrera de ingeniería automotriz, señalando que esos hechos son motivo de orgullo para los docentes.
Fonseca reflexionó sobre la dificultad que enfrentan algunos maestros de primaria para percibir los resultados cuando cambian de escuela con frecuencia, y subrayó que la permanencia en una comunidad escolar facilita ver los frutos del trabajo docente.
La maestra enfatizó además que la educación es responsabilidad compartida entre maestros, alumnos y padres de familia, y que el apoyo de las familias es determinante para alcanzar avances educativos.
Con recuerdos de generaciones que pasaron por sus aulas y de alumnos que se desarrollaron profesionalmente, María Evangelina Fonseca concluye su etapa en la escuela con la convicción de que las semillas sembradas seguirán dando frutos.


