Rolando Daza
Apunte:
En este 2026, las últimas semanas han sido difíciles para México y nuestro gobierno. Después de “El Mencho”, se han venido situaciones que acosan al país y a los ciudadanos. La violencia no cede, el bajo crecimiento del PIB (por no decir cero) y la falta de inversión afectan la economía de las personas, de las empresas y de los estados, además el señalamiento de la presencia de los cárteles en los gobiernos y amenazas de los estadounidenses.
La búsqueda de votos que necesita Trump tras la fallida guerra contra Irán, ya repercute directamente en su país y en el nuestro. Haber iniciado una guerra sin objetivos claros más que el deseo de mostrar fuerza y control ya tiene efectos negativos. Las consecuencias económicas como la inflación, el desabasto de insumos para producir alimentos y productos de manufactura, ya la percibimos en la vida de México.
La influencia de Trump en la economía de México es muy fuerte (más si está en campaña y en el poder), impacta a través de la relación con Estados Unidos. Se percibe en el comercio exterior, donde el país depende mucho de las exportaciones hacia el norte con autos, electrónicos y la agroindustria.
El gobierno estadounidense sufre por las decisiones de su presidente. La forma como pretende salir es crear otro conflicto (buscando votos para las elecciones de noviembre). La batería se ha enfocado contra el Papa y los “narcos políticos” de México. El presidente siempre tiene prisa por obtener más beneficios para su país. Si pensamos que después de Trump vendrá la calma, eso no es correcto. Viene una postura más crítica.
J.D. Vance, su sucesor, es un caso distinto. Creció en la pobreza junto a una madre con problemas de adicciones (lo señala Hillbily Elegy, bestseller que Ron Howard presentó en el cine), para estudiar Leyes en Yale ganó una beca, se convirtió al catolicismo, se casó con Usha Vance (de soltera Chilukuri), hija de inmigrantes indios. Vance, antes de su carrera política, trabajó y cofundó varias empresas de capital de riesgo e inversión en el sector tecnológico y de biotecnología. Todo un personaje de la vida del país vecino del norte, con una gran ambición por “revivir” el imperio ahora como el vicepresidente.
El presidente estadounidense ha establecido aranceles a productos mexicanos, haciendo que las exportaciones mexicanas se encarezcan, bajando la demanda de los productos. Esto repercute en México, afecta el crecimiento económico y el empleo industrial, además de presionar cambios al T-MEC, generando incertidumbre.
Con el endurecimiento de las políticas comerciales, algunas empresas podrían frenar inversiones, o trasladando producción al país vecino, afectando sectores como el automotriz, la manufactura y el nearshoring.
Observemos la información sobre lo que hoy sostiene a Guanajuato: la industria automotriz representa un 80% de las exportaciones del estado, genera, más o menos, 220,000 empleos directos. Exporta alrededor de los 32,000 millones USD al año. EUA. recibe alrededor del 83% de las exportaciones de México. Esto significa que León e Irapuato dependen fuertemente de EE. UU.
El presidente estadounidense ha impulsado políticas que generan más presión en el empleo en México, limita el envío de remesas produciendo un menor ingreso para millones de familias mexicanas. Además, genera un ambiente de tensión bilateral, reduce la confianza, amenaza que puede frenar acuerdos en energía y en seguridad. Y estamos por iniciar las negociaciones formales del T-MEC. Veamos qué sucede.







