Vecinos de las colonias cercanas al Estadio Azteca ya sienten los efectos del Mundial 2026 que comienza en una semana. Las restricciones en las calles han alterado su vida cotidiana.
La publicidad del torneo contrasta con la incertidumbre de los residentes. Cada día enfrentan obstáculos para circular y trabajar.
“No podemos entrar con autos, preferimos no salir”, comenta Martha Ramos.
Los residentes deben presentar comprobantes de domicilio para cruzar filtros de seguridad y lidiar con cierres viales.
Estas medidas generan frustración. A veces, Ramos prefiere quedarse en casa. Ella se refiere al perímetro de seguridad «Última Milla» del operativo mundialista.
CERCADOS
Dentro de esta zona de Santa Úrsula, solo residentes y vehículos autorizados pueden acceder, mientras que la circulación estará restringida durante los partidos.
Juana Cruz, que cuidaba autos antes del cierre del estadio, teme no poder vender durante el evento. “No nos dejarán hacer nada”, afirma.
Los operativos limitan el paso de peatones y vehículos, imponiendo vallas en la zona. “Nos están amarrando más las manos”, lamenta.
Mientras, los trabajadores apresuran las remodelaciones en el estadio, alterando aún más la movilidad en el área.
Lázaro Aquino señala impactos ambientales por la transformación de terrenos verdes en estacionamientos.
SIN AGUA
Más allá, en Pedregal de Santa Úrsula, vecinos se organizan para protestar por la falta de acceso al agua. La Cooperativa Acción Comunitaria exige atención a su problemática.
A pesar de vivir en una zona rica en agua, muchos enfrentan problemas de abastecimiento, que se han intensificado con la llegada del torneo.
Carmen Trejo menciona que las obras de drenaje del estadio no resuelven la situación. “Los tubos salían del estadio”, dice.
Los vecinos están planeando acciones legales contra el cerco policial que limita su movilidad, recordando advertencias de las autoridades sobre no hacer reuniones.










