Dr. Daniel Díaz Martínez
Cuando escuchamos la palabra pandemia, la mayoría pensamos de inmediato en la COVID-19. Sin embargo, existe otra pandemia que lleva décadas creciendo. No ocupa todos los titulares, pero cada año cobra muchas más vidas. Me refiero a las enfermedades crónicas relacionadas con nuestro estilo de vida.
Hoy, en México, las principales causas de muerte ya no son las enfermedades infecciosas, sino la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, los eventos cerebrovasculares, la enfermedad renal crónica y diversos tipos de cáncer. Lo más preocupante es que una gran proporción de estos padecimientos podría prevenirse o, al menos, retrasarse.
¿Cómo llegamos hasta aquí? Nuestra forma de vivir ha cambiado de manera radical. Nos movemos menos, pasamos más tiempo sentados, dormimos menos horas, vivimos sometidos a altos niveles de estrés y consumimos cada vez más alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas y productos con exceso de sodio, grasas y azúcares.
El resultado ha sido un incremento acelerado del sobrepeso y la obesidad. Hoy, más de siete de cada diez adultos mexicanos viven con exceso de peso, y cada vez observamos más casos entre adolescentes e incluso en niños. Pero la obesidad no es simplemente un problema estético.
Es una enfermedad compleja que altera el funcionamiento del organismo y aumenta significativamente el riesgo de desarrollar diabetes, hipertensión arterial, infartos, insuficiencia renal, enfermedad por hígado graso, apnea obstructiva del sueño y diversos tipos de cáncer. También es importante derribar un mito.
Durante muchos años se afirmó que la obesidad era únicamente consecuencia de la falta de voluntad. Hoy sabemos que no es así. Existen factores genéticos, hormonales, metabólicos, psicológicos, sociales y ambientales que influyen en el aumento de peso. Por ello, el tratamiento debe ser integral e incluir cambios en la alimentación, actividad física, apoyo emocional y, cuando está indicado, medicamentos de nueva generación o incluso cirugía metabólica.
Otro desafío es que muchas de estas enfermedades permanecen silenciosas durante años. La hipertensión arterial puede no producir molestias; la diabetes puede avanzar sin manifestaciones evidentes; el hígado graso puede evolucionar sin causar dolor, y la enfermedad renal suele detectarse cuando ya se encuentra en etapas avanzadas.
Por eso, la prevención sigue siendo nuestra mejor herramienta.
Primero: ¿Qué podemos hacer desde hoy? Primero, realizar actividad física de manera regular. No es indispensable inscribirse en un gimnasio; caminar al menos treinta minutos al día ya representa un beneficio importante para la salud.
Segundo, mejorar nuestra alimentación. Consumir más frutas, verduras, leguminosas y agua simple, y reducir el consumo de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados.
Tercero, dormir las horas necesarias y aprender a manejar el estrés, ya que ambos factores influyen directamente en nuestra salud metabólica.
Cuarto, acudir al médico aunque nos sintamos bien. Revisar periódicamente la presión arterial, la glucosa, el colesterol, el peso y la función renal permite detectar problemas antes de que aparezcan complicaciones.
Sin embargo, esta responsabilidad no recae únicamente en cada persona. Como sociedad, debemos construir entornos más saludables: escuelas que promuevan buenos hábitos, espacios públicos seguros para caminar y hacer ejercicio, acceso oportuno a servicios de salud de calidad y políticas públicas que privilegien la prevención por encima de la atención de las enfermedades ya establecidas.
En Guanajuato contamos con profesionales de la salud altamente comprometidos y con una población cada vez más interesada en cuidar su bienestar.
El reto consiste en transformar ese interés en acciones cotidianas y sostenidas. Recordemos una idea muy sencilla: la salud no se pierde de un día para otro, pero tampoco se recupera de un día para otro.
Se construye todos los días, mediante pequeñas decisiones que, acumuladas con el tiempo, generan una enorme diferencia. La verdadera pandemia de nuestro tiempo no es solamente la enfermedad; es la normalización de hábitos que deterioran nuestra salud.
La buena noticia es que esa historia puede cambiar. Y ese cambio comienza con una decisión, un hábito y un día a la vez.









