Rolando Daza
Apunte: Continuación…
El sistema político y económico de China es una forma de socialismo con características propias. No corresponde al comunismo clásico, sino a un modelo híbrido que combina una política de partido único con una economía donde el mercado desempeña un papel relevante.
El gobierno chino afirma que sigue el socialismo para una nueva era, una doctrina desarrollada con las ideas de Mao Zedong, Deng Xiaoping y Xi Jinping. Bajo esta visión, China se encuentra en una etapa de evolución donde es válido utilizar mecanismos de mercado para fortalecer al país antes de convertirse en una sociedad socialista avanzada.
En el aspecto político, existe un solo partido gobernante, el Partido Comunista de China. No hay elecciones multipartidistas. El partido controla las principales instituciones del Estado, las fuerzas armadas y aspectos importantes de la sociedad.
Si observamos la economía, hay propiedad privada. Empresas nacionales y extranjeras pueden invertir y competir en muchos sectores. A la vez, el Estado mantiene el control de industrias estratégicas como energía, banca, telecomunicaciones, defensa y parte del transporte. Y si fuera necesario, el gobierno interviene mediante planes industriales, regulación e inversión pública.
Especialistas describen al sistema de China como capitalismo de Estado (el estado conserva el control de sectores estratégicos mientras utiliza mercados). Por su parte, el término oficial del gobierno chino es el de una economía socialista de mercado.
El actual crecimiento de China no puede atribuirse a un solo factor. Los economistas concuerdan en que se debe a la combinación de instituciones estatales fuertes, apertura económica gradual, inversión masiva y una estrategia de desarrollo de largo plazo.
Tal vez el factor más importante son las reformas económicas. A partir de 1978, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, China dejó atrás una economía completamente planificada y permitió la creación de empresas privadas; la llegada de la inversión extranjera; la competencia en numerosos sectores generó incentivos para producir y exportar. En lugar de liberalizar toda la economía de golpe, las reformas fueron graduales y controladas.
Otro factor es la enorme inversión en infraestructura que ha construido, durante décadas, carreteras, puertos, aeropuertos, presas, redes eléctricas, trenes de alta velocidad, ciudades industriales. Esto redujo costos logísticos y facilitó la producción y las exportaciones.
Aunado a ello, un factor relevante ha sido la educación y formación técnica. El país ha invertido intensamente en capacitación técnica en ingeniería, matemáticas, ciencias y en la creación de universidades. Cada año gradúa un gran número de ingenieros y profesionales en áreas científicas y tecnológicas.
Apoyado todo eso en una política industrial de largo plazo. Mientras muchos países dejan que el mercado determine la inversión, China identifica sectores estratégicos y los impulsa mediante financiamiento y subsidios. Sectores como vehículos eléctricos, baterías, energía solar, inteligencia artificial y telecomunicaciones han recibido un respaldo importante.
Indudablemente un factor crucial es la apertura al comercio mundial. El ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio en 2001 aceleró sus exportaciones. Durante muchos años, empresas de todo el mundo trasladaron parte de su producción a China debido a costos laborales bajos, infraestructura eficiente, amplia disponibilidad de mano de obra y una red de proveedores muy desarrollada.
China y México difieren en tamaño, demografía y modelo económico. China supera a México con una población 11 veces mayor, un territorio 5 veces más extenso y una economía que es líder manufacturero global, a diferencia de México, que destaca por su integración comercial y manufactura orientada a Norteamérica.
Continuará…









