La alta temperatura es frecuentemente calificada como un «asesino silencioso», dado que las estadísticas oficiales sobre muertes relacionadas con el calor suelen estar infrarrepresentadas. Este fenómeno resalta la necesidad de un enfoque más riguroso en la recolección y análisis de datos para evaluar el verdadero impacto del calor extremo en la salud pública. Las autoridades y organismos de salud deben considerar la implementación de estrategias más completas que permitan abordar esta creciente preocupación, en un contexto donde los efectos del cambio climático son cada vez más evidentes. Además, es crucial fomentar la conciencia social acerca de los riesgos asociados, especialmente en poblaciones vulnerables.




