Redacción Contacto Noticias
Carlos Manzo, presidente municipal independiente de Uruapan, fue asesinado la noche del 1 de noviembre durante el Festival de Velas, una de las celebraciones de Día de Muertos más concurridas del estado de Michoacán. El ataque ocurrió a pocos metros del templete en la plaza principal; Manzo fue trasladado con vida al hospital, donde murió minutos después. Autoridades reportaron un agresor abatido en el lugar y al menos dos detenidos, mientras la escena quedó registrada en múltiples videos ciudadanos.
El crimen sacudió a Michoacán y al país. La presidenta Claudia Sheinbaum condenó el asesinato, reunió de emergencia al gabinete de seguridad y prometió una investigación “con cero impunidad”. Su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, añadió que el edil contaba con esquema de protección desde diciembre de 2024, reforzado en mayo de 2025; el ataque, dijo, aprovechó la vulnerabilidad de un evento masivo.
¿Quién era Manzo? Político de estilo frontal y discurso anticrimen, fue el primer independiente en ganar Uruapan en 2024. Antes había sido diputado federal por Morena (2021-2024) y laboró como auditor del IMSS en Michoacán. Esa mezcla de outsider con tablas legislativas le dio proyección nacional y enemigos locales.
Durante su primer año de gobierno colocó la seguridad y los servicios públicos en el centro de su agenda. Presumía dotación de patrullas y equipo, incentivos salariales a la policía, compra de camiones de recolección y ordenamiento administrativo —incluido un nuevo corralón—, como parte de cinco ejes: seguridad, infraestructura, servicios, salud y programas sociales.
En lo político, Manzo se asumió como alcalde “de resultados”, con finanzas “saneadas” para direccionar recursos a seguridad, obra y salud. Su Primer Informe, a mediados de agosto, fue un despliegue de músculo social en el centro de la ciudad y un mensaje directo: Uruapan no cedería ante grupos criminales.
Esa postura lo puso en la mira. En septiembre y octubre advirtió públicamente de fosas clandestinas, extorsiones a la cadena aguacatera y presencia de cárteles, y exigió apoyo urgente de los gobiernos estatal y federal. En entrevistas nacionales reconoció temer por su vida, pero reiteró que no daría “ni un paso atrás”.
Los avisos no eran retórica. Desde su toma de posesión recibió mensajes de amenaza; en distintos espacios denunció campamentos de adiestramiento criminal y pidió reforzar la presencia federal. Su narrativa confrontó a los grupos que se disputan la región y a la economía que éstos depredan.
La noche del atentado, Uruapan estaba iluminada por miles de velas. Mientras daba el pregón del festival, un tirador se acercó entre la multitud y disparó a corta distancia. Las cámaras del C5 y múltiples videos ya están en análisis; el gabinete de seguridad afirma haber identificado al agresor abatido y su ruta de llegada.
Las primeras líneas de investigación apuntan a la operación de grupos delictivos con fuerte huella en la Meseta Purépecha y el corredor aguacatero —históricamente disputado por CJNG y células locales—, sin descartar otras hipótesis. El Universal y Reuters reportaron que el edil tenía asignados 14 elementos de Guardia Nacional; autoridades federales ligan al atacante con organizaciones criminales.
Otra lectura sugiere un ajuste de cuentas por la presión municipal sobre extorsiones y detenciones recientes. El País subraya que Manzo venía de exigir respaldo contra cobros a productores; medios latinoamericanos añaden que el homicidio se cometió en una zona de disputa entre CJNG y la Nueva Familia Michoacana. Son narrativas compatibles en un tablero con demasiados actores armados.
Más allá del móvil, el asesinato exhibe el riesgo estructural de la política local: seis alcaldes han sido asesinados en México en 2025 —tres en Michoacán—, y la letalidad contra autoridades municipales y periodistas crece en paralelo a las economías ilícitas. La marcha ciudadana en Morelia y los homenajes en Uruapan condensan duelo y exigencia de justicia.
La historia de Carlos Manzo es la de un edil que convirtió la tribuna municipal en plataforma de denuncia directa contra el crimen y su captura de lo público. Su legado —obras y servicios, pero sobre todo la decisión de nombrar a los culpables— queda ahora bajo la sombra de su asesinato. Las próximas horas de la investigación dirán si la justicia alcanza a quien, entre velas y cempasúchil, decidió matar al alcalde frente a su gente.


