Rolando Daza
Apunte:
Sin lugar a dudas, la política se impone en el ámbito nacional y estatal. La economía, la salud, la educación, la seguridad, el futuro de la población, entre otros temas, no son relevantes para hablar en el país. Hemos comentado que tanto en el plano nacional como el estatal, lo que se habla y se hace es política, faltan decisiones y acciones.
Según la OCDE, la política es el principal instrumento de los gobiernos para gestionar el poder y los recursos, orientar la acción, y por lo general se expresan en leyes. Las funciones principales de la política son regular la conducta social, resolver conflictos de forma pacífica, y facilitar la participación ciudadana para influir en las decisiones que afectan a la comunidad.
En días pasados el INEGI reportó para el tercer trimestre del año una caída de 0.2% del Producto Interno Bruto (PIB) respecto al mismo periodo del año pasado. El PIB fue de 0.4% en los tres primeros trimestres, el mes de octubre apunta a ser de cero crecimiento.
La mayoría de los gobiernos, tienden a discrepar cuando los números no respaldan sus políticas. Insistir en descalificar el PIB puede ser equivocado, es la métrica a nivel mundial que usan los países, inversionistas, calificadoras internacionales para evaluar el crecimiento, desarrollo, opciones, riesgos y establecer flujos de capital.
Así, ¿qué puede esperarse del segundo año de gobierno? El pasado es demostrativo. En 1996, el segundo año de Zedillo, la economía repuntó 6.8%. Con Fox, el crecimiento fue débil, de 0.8%. Con Felipe Calderón, el segundo año tuvo un aumento de 1.3%. Con Peña Nieto, el avance fue de 2.1%. López Obrador afrontó la pandemia, con una caída de 8.5% en 2020.
Nuestros gobiernos tienen grandes desafíos para el 2026 y hacer crecer el PIB. Además de la desaceleración global se suman ingredientes internos como la debilidad de la inversión privada, la incertidumbre regulatoria en sectores estratégicos, las controversias comerciales abiertas y las que se vislumbran rumbo a la revisión del T-MEC, y un ambiente fiscal más reducido debido al aumento del costo financiero de la deuda. Son ingredientes que pueden restringir la economía para intentar reactivarse el próximo año.
Para el momento actual que viven los estados y el país, es importante comprender la política que permita evaluar críticamente las decisiones del gobierno y cuestionar las acciones públicas. Esa comprensión debe ayudar a los ciudadanos a «apropiarse» de sus espacios públicos, en lugar de dejarlos en manos de la comodidad, debe permitir a las personas conocer sus derechos y sus obligaciones para poder cumplirlos y exigirlos cuando sea necesario.
Por todo ello, la respuesta de los gobiernos no puede refugiarse en la explicación de que el PIB no refleja los logros sociales de los gobiernos. La disminución de la pobreza es un progreso. Sin embargo, es innegable que esas acciones solo se mantienen con una economía capaz de crecer de manera sostenida.
Con una inversión limitada, con una productividad reducida, sin seguridad para la población y las empresas, además de no tener una certidumbre judicial, no se presenta una base fiscal que soporte el impulso social en el mediano plazo. Y el mundo seguirá evaluando a México con la métrica estándar, crecimiento del PIB real.


