Rolando Daza
Apunte:
Con tantas situaciones que están por atender en el país, ahora se presenta un nuevo escenario que proviene de fuera. Hace dos siglos, el presidente estadounidense James Monroe declaró la “Doctrina Monroe”, que indicaba que América estaba fuera del alcance de las potencias europeas. La proclamación colocó las bases del imperialismo estadounidense.
En los años posteriores a la declaración, más de 200 intervenciones estadounidenses han tenido lugar en América Latina. Estados Unidos ha destituido gobiernos que consideraba desfavorables o empleó la fuerza, que posteriormente fue declarada ilegal por tribunales internacionales. En 2013, el gobierno estadounidense anunció el fin de la era de la Doctrina. Esto fue un cambio hacia el trato con los países del continente americano, ahora eran socios, en lugar de sitios de influencia.
En noviembre de este año, la Estrategia de Seguridad Nacional divulgada por la administración de Trump ha revivido formalmente la vieja doctrina, lo cual explica las acciones intervencionistas de los estadounidenses en la región, desde sus letales ataques náuticos hasta su uso selectivo de sanciones e indultos.
Con la insolencia que ha caracterizado a la presente administración, el documento anuncia una «Secuela Trump» a la Doctrina Monroe, elevando el continente americano a la máxima prioridad internacional de Estados Unidos. Parece que la importancia a la política exterior hacia el Oriente Medio ha terminado. El documento liga la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos con el sostenimiento de su privilegio en América Latina. Agrupa la argumentación de Trump contra los “narcoterroristas” con la competencia entre las grandes potencias.
Señala que es necesario aumentar la presencia militar y la presión diplomática de Estados Unidos para enfrentar a los cárteles de la droga latinoamericanos y proteger las rutas marítimas, los puertos y la infraestructura crítica de la influencia china.
El pasado 2 de diciembre, el presidente Trump declaró que cualquier país que, fabrique o transporte drogas a su país podría enfrentar un ataque militar. Esto incluye no solo a Venezuela, sino también a México y Colombia.
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional no se basa en una ideología política tradicional. Está orientada para defender los intereses de ese país, es decir, Estados Unidos primero.
La nueva estrategia de seguridad explica la obsesión de Trump con Venezuela. Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y una extensa costa en el Caribe, ruta marítima vital para las mercancías estadounidenses a través del Canal de Panamá.
Venezuela firmó acuerdos energéticos con China, además de Irán y Rusia. Para Pekín, Venezuela es tanto una fuente de energía como un punto de apoyo en el hemisferio.
La Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump, señala que esto es inadmisible para Estados Unidos. Venezuela no se menciona en ninguna parte del documento, la estrategia alude a que China ha logrado avances con líderes afines en la región.
Dos siglos después de la Doctrina Monroe, Washington todavía considera al continente como su patio trasero, en el que puede “manejar libremente” e inmiscuirse como le parezca.


