El Mundial 2026 ha generado un gran entusiasmo en la Ciudad de México, una de las tres sedes del torneo en el país. Desde las calles de la capital, la fiebre por el fútbol se manifiesta en vendedores ambulantes que ofrecen camisetas piratas y souvenirs relacionados con el evento.
En diversos puntos de la ciudad, es común encontrar puestos improvisados que venden copias no autorizadas de productos oficiales, incluyendo camisetas de selecciones nacionales y artículos de recuerdo. La piratería, un fenómeno arraigado en México, ha experimentado un notable aumento con la llegada del Mundial, impulsado por factores como la impunidad, la corrupción en aduanas y el crecimiento del comercio informal.
Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano, señala que el crimen organizado afecta a los empresarios, forzándolos a vender en condiciones injustas debido a la extorsión. México es el séptimo mayor consumidor de productos falsificados a nivel mundial, de acuerdo con un informe de la OCDE.
El gobierno local ha implementado medidas para combatir este problema, incluyendo decomisos y una regulación reciente para agilizar la protección de patentes. Sin embargo, estos esfuerzos son considerados insuficientes por expertos que consideran la piratería un fenómeno complejo que requiere un abordaje más integral.
En el Centro Histórico de la ciudad, un mercado informal exhibe camisetas y otros productos de origen dudoso, mientras que la policía observa sin intervenir. La preocupación por los precios de los productos originales lleva a muchos, como Lizeth Herrera, a optar por alternativas más económicas. Las camisetas oficiales pueden costar más de 2,000 pesos, lo que representa un gasto significativo para muchos trabajadores con salario mínimo.
Mariana Villalobos, vendedora de camisetas por internet, ha visto aumentar sus ventas debido al éxito de la selección mexicana, a pesar de las críticas hacia la piratería. Explica que la informalidad en el mercado mexicano representa más de la mitad de la población económicamente activa, lo que dificulta el control de esta situación.
Empresas como Sport City están reinventando sus estrategias comerciales para atraer a los consumidores hacia productos oficiales, invirtiendo en campañas de contenido en redes sociales. Sin embargo, la cultura de la piratería se mantiene como un desafío, al igual que la necesidad de concientizar al público sobre las implicaciones de este fenómeno en la economía local.









