En Dolores Hidalgo, Guanajuato, la labor de una cocinera tradicional de la comunidad otomí El Llanito destaca por la conservación de prácticas culinarias y ceremoniales que sostienen la memoria y la identidad local. Su trabajo resguarda recetas y rituales que cumplen una función social y espiritual en la comunidad.
Eusebia Godina Ramírez aprendió las técnicas y sabores de su abuela y su madre, y transmite esos conocimientos a las nuevas generaciones. Su práctica culinaria integra recetas familiares y el uso de ingredientes propios del territorio.
Las hierbas de olor y plantas medicinales son el eje de su cocina: tomillo, mejorana, hierbabuena, orégano, laurel y cilantro, así como árnica y Santa María, se emplean con un conocimiento tradicional que determina tiempos y proporciones. El manejo respetuoso de esos insumos forma parte del saber que identifica cada preparación.
Eusebia considera que la paciencia y la dedicación son componentes centrales del oficio; la técnica se afina mediante ensayo y cuidado hasta lograr el punto de sazón esperado por la comunidad. El reconocimiento del comensal se interpreta como la confirmación de la transmisión exitosa del saber culinario.
Entre los elementos distintivos de su trabajo está la tortilla ceremonial otomí, marcada con un sello de madera heredado por varias generaciones. Ese sello y la elaboración de la tortilla mantienen un significado ritual que vincula la cocina con prácticas religiosas y comunitarias.
La tortilla ceremonial se ofrece en la festividad patronal de la comunidad, durante actos de agradecimiento y petición de bendiciones para el ciclo que inicia. Antes de compartir los alimentos se realizan la bendición y un ritual tradicional que invoca a los cuatro elementos, en gesto de respeto hacia la madre tierra.
El ritual celebra la dependencia del maíz y el frijol como alimentos básicos y expresa la relación simbólica entre la comunidad y su entorno natural. La preservación de estas prácticas evidencia la continuidad de una cosmovisión en la que la cocina funciona como diálogo con la naturaleza.
Además de su trabajo individual, Eusebia forma parte de un grupo de 15 cocineras tradicionales que se organizan para rescatar y salvaguardar recetas en riesgo de desaparecer. Ese colectivo intercambia conocimientos y fortalece redes comunitarias para garantizar la transmisión de su patrimonio culinario.
La experiencia de esta cocinera refleja el valor de la cocina tradicional como patrimonio vivo en Guanajuato, donde cada platillo, hierba y ritual contribuye a mantener la identidad cultural y a conectar pasado, presente y futuro.




