Después de la conquista de México-Tenochtitlan en agosto de 1521, los exploradores españoles centraron su atención en los territorios adyacentes al valle de México, específicamente en el señorío de Michoacán. Ante la inminente amenaza que representaban, los líderes tarascos, bajo el mando del cazonci Tzintzicha Tangánxoan II, se encontraron ante una división interna acerca de cómo enfrentar a los invasores. Esta disyuntiva se manifestaba entre dos posturas: un grupo prefería una confrontación violenta, mientras que otro abogaba por abrir un canal de diálogo.
Uno de los principales opositores a la paz fue el líder Timas, quien impulsaba la idea de resistir a los españoles. A pesar de sus sugerencias, que incluían la opción de un suicidio colectivo antes que la sumisión, el cazonci optó por el diálogo.
Por el contrario, el grupo que defendía un acercamiento conciliatorio estaba liderado por Tasháuacto, quien tenía un estrecho vínculo con Tzintzicha y asumió un papel clave en la negociación con los españoles. Este grupo procuró obtener un acuerdo favorable, motivado por la observación del trato que recibieron otros pueblos indígenas, como los tlaxcaltecas, que optaron por aliarse con los conquistadores.
El debate interno fue resuelto cuando Tzintzicha decidió aceptar la propuesta de Tasháuacto y su hermano Cuinierángari, lo que permitió la llegada de la expedición liderada por Cristóbal de Olid a Michoacán en julio de 1522. Posteriormente, tras una reunión en Tzintzuntzan, Tzintzicha reconoció su vasallaje al rey de España en un encuentro con Hernán Cortés.
A pesar de esta sumisión, los españoles no se asentaron formalmente en el territorio, lo que permitió a la comunidad tarasca continuar con sus actividades cotidianas. Sin embargo, la resolución del conflicto interno llevó a Tzintzicha a tomar medidas drásticas contra aquellos que habían promovido la resistencia armada, incluyendo la ejecución de Timas. Este evento consolidó la autoridad del cazonci y fortaleció la unidad del pueblo tarasco ante futuros desafíos.
A pesar de que este episodio podría interpretarse como un signo de debilidad política, la decisión de no enfrentar a los españoles abre nuevas líneas de análisis sobre la estrategia tarasca frente a la conquista española. Estos temas serán objeto de estudios futuros.




