Rolando Daza
Apunte:
En el país, en Guanajuato, marcados por la política, la velocidad de respuesta, la hiperconexión, la educación enfrenta un desafío urgente. En días pasados en The Economist, se señaló que podríamos estar al borde de una transformación radical, impulsada por una nueva fuerza productiva, la inteligencia artificial (IA) capaz de superar al ser humano en todas las tareas cognitivas, lo que algunos ya llaman “superinteligencia”.
En nuestra nación, en nuestro estado, se observan pocos trabajos en el tema y más en el ámbito educacional. La población y el mundo empresarial están más preocupados por otros temas que por el progreso del país. La educación es un componente indispensable para ampliar de manera sólida las oportunidades de bienestar y de desarrollo nacional.
El estudio elaborado por Angus Maddison, indica que, en el siglo XVIII, antes de la Revolución Industrial, la tasa promedio de crecimiento de la economía mundial era de apenas 0.07 % anual. Eso implica una tasa acumulada de alrededor de 7% para todo un siglo.
Esa cifra, hoy impensable, reflejaba una humanidad limitada por la tierra, el músculo y una capacidad muy reducida para generar nuevas ideas. No existían máquinas, ni acumulación sistemática del conocimiento, mucho menos innovación automatizada.
Todo se transformó con la Revolución Industrial, la máquina de vapor, la producción en serie, la electricidad y los combustibles fósiles permitieron que la economía creciera de forma sostenida a un ritmo cercano al 2% anual. Ese cambio transformó al mundo; en un siglo, la economía se duplicó.
Hoy, 2025, el artículo indica que si la IA logra realizar al menos el 30% de las tareas productivas, y parte del capital generado se reinvierte en entrenarla en modelos aún más potentes, el crecimiento económico podría dispararse hasta niveles que hoy parecen propios de la ciencia ficción. Con la IA se han modelado escenarios donde esta automatización del conocimiento, no nada más el trabajo físico, permitiría una aceleración sin precedentes en la generación de ideas.
En contraste con el crecimiento tradicional, apoyado en la capacidad humana, la cual requiere educación, tiempo, una IA puede replicarse indefinidamente, sin requerir años de formación ni grandes infraestructuras físicas. Sería como tener una fuente inagotable de productividad. Lo que significó la máquina de vapor en el siglo XVIII, pero multiplicado por millones.
La pregunta, ¿qué hacemos en el país, en el estado? Estamos impulsando modelos educacionales del siglo pasado, no se impulsa el talento humano apoyado en la tecnología, en la IA, estamos “construyendo” ciudadanos para el trabajo manual.
Lo más asombroso: de un crecimiento de 7% por siglo a un 20% anual; esta escena no exige la aparición de una IA apocalíptica. Basta con que los modelos actuales evolucionen lo suficiente para alcanzar la inteligencia promedio humana, y los efectos económicos en cascada se activarían.
Lo que bosqueja The Economist es una invitación a mirar el futuro con los ojos bien abiertos. México y Guanajuato deben de actuar y hacer que la política deje de seguir predominando nuestra realidad.


