Rolando Daza
Apunte:
Era de conocimiento de los ciudadanos que este 2025 iba a ser un año complejo, donde los esfuerzos del gobierno federal se orientarían al proceso de buscar reducir su déficit fiscal, es decir, estabilizar la deuda pública, un trabajo para sanear las cuentas públicas, lo cual impactaría la actividad económica del país.
Si a esto sumamos la incertidumbre por los aranceles impuestos por Trump, después de 10 meses, el resultado es un crecimiento de apenas 0.2%, que es un escenario de estancamiento de la economía.
El PIB Per cápita aún no recupera al nivel previo a la pandemia, lo que indica que la mejora en ingresos promedio es débil.
Mucho de esta situación se debe a que sectores clave muestran debilidad, las actividades como manufactura, construcción, registran una contracción anual del –0.3 %. Además, el entorno externo, como el comercio, inversión global, aranceles, guerras y la incertidumbre interna limitan el crecimiento.
De ahí la importancia de que las finanzas públicas requieran seguimiento, ya que el crecimiento bajo reduce el espacio de maniobra del gobierno.
Para el próximo año, el Fondo Monetario Internacional estima un crecimiento optimista del 1.5% en 2026, siempre que las condiciones mejoren. Según otros organismos como el Banco Mundial, se espera que el crecimiento se mantenga en niveles bajos (menos de 2%).
Así, para impulsar el crecimiento del país se necesita, mayor inversión en infraestructura y proyectos en sectores estratégicos. Mejor aprovechamiento del T‑MEC y el nearshoring, antes que dejen de ver a México como una buena opción. Además, la estabilización de precios que permita una política monetaria menos restrictiva.
Por desgracia hay factores de riesgo como una inversión privada retraída. El crecimiento de la deuda pública que limite margen fiscal, y choques externos en el comercio o una demanda internacional débil. Si a esto sumamos falta de reformas estructurales que fomenten productividad y/o el estado de derecho. Estos son temas a destacar para evitar una mayor desaceleración de la economía. El crecimiento del país debe ser del 4% o más, esto con el deseo de mejorar significativamente los ingresos promedio de la población o reducir la pobreza y la desigualdad.


