En Dinamarca, la primera ministra Mette Frederiksen pidió al gobierno de Estados Unidos que cese las «amenazas» hacia Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca, y defendió que la cuestión tiene impacto directo en las relaciones bilaterales y la seguridad regional.
Frederiksen subrayó que Groenlandia «no está a la venta» y reclamó respeto a la soberanía y al estatus del territorio en un comunicado difundido a medios daneses.
La mandataria afirmó que no tiene sentido que Estados Unidos hable de la necesidad de hacerse con Groenlandia y que no tiene ningún derecho a anexionar partes de la Mancomunidad del Reino, que integra a Dinamarca, Groenlandia e Islas Feroe.
Recordó además que Dinamarca y Groenlandia forman parte de la OTAN y cuentan con garantías de seguridad, y señaló el acuerdo de defensa con Washington y las inversiones danesas en seguridad en el Ártico.
Las declaraciones de Frederiksen se producen tras reiteradas expresiones del presidente de Estados Unidos sobre el interés por Groenlandia como territorio con recursos naturales estratégicos.
En redes sociales, la exdirectora de comunicación de la Casa Blanca Katie Miller publicó una imagen de Groenlandia cubierta por una bandera estadounidense con la palabra «soon», gesto que el presidente del gobierno autónomo groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, rechazó diciendo que el futuro de la isla no se decide en redes y que el país no está en venta.
Nielsen apeló al respeto y al derecho internacional para construir relaciones entre países y pueblos, y criticó los gestos simbólicos que, a su juicio, ignoran el estatus y los derechos de Groenlandia.
La designación por parte de Estados Unidos del gobernador de Louisiana, Jeff Landry, como enviado especial para Groenlandia generó críticas del Ejecutivo danés y groenlandés y motivó una protesta formal ante el embajador estadounidense.
Groenlandia, con cerca de 57.000 habitantes y una superficie de alrededor de 2,1 millones de kilómetros cuadrados en su mayoría cubierta por hielo, depende en gran medida de la pesca y de la ayuda anual de Dinamarca, que financia aproximadamente la mitad de su presupuesto.
Desde 2010 la isla cuenta con un estatuto de autonomía que reconoce el derecho a la autodeterminación; sondeos recientes indican que la mayoría apoya esa opción siempre que no suponga perder el nivel de vida actual y rechaza integrarse en Estados Unidos.


