Juan Miguel Alcántara Soria
En la acción política, desde el poder o frente al poder, el buen o mal uso de las palabras tiene consecuencias para la paz y tranquilidad, trascendentes. En algunos casos desastrosas, generadores de mal común. En la semana que recién terminó, el senador Noroña, “changoleón”, de la cuarta, acusó en tribuna a la alcaldesa Quiroz, de Uruapan, viuda de Carlos Manzo, de “asumir una posición de ultraderecha fascista, y se le ha despertado la ambición y buscará la gubernatura de Michoacán”. Sólo porque la viuda pidió investigar a anterior gobernador michoacano por el homicidio de su esposo.
Se expande la manía de manipular masas, empezando por prostituir al lenguaje. No somos dueños del sentido de las palabras. Estas tienen significados que debemos respetar para lograr comunicarnos. De lo contrario, nos incomunicamos. Si mal las usamos, desorientan, confunden, confrontan y hasta polarizan. A respetar la palabra misma nos enseñaron nuestros padres, la escuela o las iglesias. Que las palabras vienen de tiempo atrás, con orígenes, etimologías, mezclas. Y tienen sentido o significación respetables. “La Torre de Babel”, de la tradición judeocristiana, sugiere que es por la soberbia que vino la confusión del labio/lenguaje o idioma, para evitar se entendieran entre sí los israelitas, y evitar la unidad del pueblo en propósitos comunes. “Babel” es el lugar en que se confundió el idioma, las palabras adquirieron distintos significados que dividieron y provocaron diásporas.
Desde que los primeros humanoides migraron del centro de África hacia el norte del continente, con señas o imágenes se entendían, conformando distintas lenguas. En Egipto concretaron expresiones lingüísticas y un imperio. Luego a Asia (ahí se supone estaba Babel, hoy Irak) y más tarde al norte de Europa, Oceanía, y por último a América. Los idiomas son dinámicos, se conforman y evolucionan imparables, como hasta hoy. Todos tienen insumos provenientes de múltiples esfuerzos humanos. Los tiempos de paz también son de respeto a la palabra dada. Y sin ello no hay sentido del honor, de respeto a sí mismo, y tampoco tranquilidad.
Antes y ahora, solo a los poetas o novelistas se permiten libertades literarias, para dar a las palabras significados imaginarios o distintos a los convencionales, para perder mordiente concreto. Particularmente en la ciencia, en el terreno de la episteme, es ilícito dar a las palabras sentidos distintos, porque impiden o dificultan conclusiones demostrables, verificables para la razón humana. En política es también exigencia ética.
La señora Sheinbaum maldijo las marchas a que convocaron la Generación Z y a la que se sumó el Movimiento del Sombrero, diciendo que eran provocadas por la derecha, los empresarios, e intereses extranjeros. En la semana su secretaria de gobernación acusó al PRI y al PAN de las movilizaciones de transportistas y productores agrícolas que en últimos días bloquearon distintos puntos carreteros y aduanas del país. La inseguridad que priva por todas las carreteras del país, que implica no solo robo de carga o de vehículos sino asesinatos de choferes, y el alza de insumos para la producción agrícola que hace incosteable esa actividad vital para la sociedad, más cuando Obrador suprimió todos los programas de apoyo al campo, y en cambio la inflación afecta particularmente este sector. Son realidades que ambas mujeres no quieren ver o reconocer.
La fractura en el gobierno de la 4t luego de hacer renunciar al fiscal general de la república, de dejar de encargada a quien se demostró usó mecanismos para espiar a las oposiciones en la Ciudad de México, ha exhibido la disposición de manipular, otra vez, a la opinión pública, empezando por malgastar las palabras. Y ya anunciaron celebrarán la próxima semana en el Zócalo siete años de hacerse con todo el poder, con demagogia intentando ocultar el desastre en seguridad, salud, educación, deuda pública, economía o infraestructura.
Desde las polis griegas un demagogo es un conductor, un agitador, incluso con la palabra; cabecilla de una facción. Los demagogos de cuarta agitan masas. Hay ya señales de pueblo que se pone de pie y exige respetar el significado de las palabras. Esperanzador.


