Netflix lanzó «Alguien tiene que saber», una miniserie que explora la desaparición de Jorge Matute Johns en 1999 en Chile. La serie muestra las deficiencias de un sistema judicial marcado por silencios y corrupción a lo largo de sus ocho episodios.
Dirigida por Fernando Guzzoni y Pepa San Martín, la historia se desarrolla en Concepción. La trama sigue a una madre, interpretada por Paulina García, que lucha por descubrir la verdad sobre su hijo, Alex en la ficción.
El elenco incluye a Alfredo Castro y Gabriel Cañas, quienes juegan un detective persistente y un sacerdote con información vital. La serie denuncia que la desaparición de Jorge estuvo ligada a influencias políticas que han protegido a los culpables.
El caso real de Jorge Matute Johns
La historia real comenzó el 20 de noviembre de 1999. Jorge «Coke» Matute Johns, un estudiante de 23 años, desapareció tras una fiesta en el boliche La Cucaracha en Talcahuano. Sus amigos lo perdieron de vista, lo que desató una larga y complicada búsqueda.
En febrero de 2004, se hallaron restos óseos cerca del río Biobío. Aunque la causa de muerte fue inicialmente indeterminada, la reapertura del caso en 2014 determinó que Jorge murió por intoxicación de pentobarbital, un fármaco para sedar animales.
Este hallazgo reveló un patrón en la atmósfera nocturna de Concepción, donde se utilizaban sustancias para incapacitar a las víctimas. En el caso de Jorge, la dosis fue fatal, pero la pérdida de pruebas claves ha impedido identificar a los responsables.
A 27 años de la desaparición, el caso sigue sin culpables. La serie de Netflix busca reavivar el interés en esta tragedia y en la búsqueda de justicia para la familia y la sociedad, que aún clama por respuestas.


