La propuesta del gobierno mexicano de evaluar nuevas técnicas de fracturación hidráulica, o «fracking», para la producción de gas natural ha generado un intenso debate local. Los expertos se dividen entre quienes consideran que no existe una versión sustentable de esta práctica y aquellos que la ven como una oportunidad para fortalecer la soberanía energética del país.
Florencia de Ortúzar, de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), sostiene que «el fracking sustentable no existe». Advierte que esta técnica es agresiva y peligrosa, ya que requiere inyectar agua, químicos y arena a gran profundidad, lo que puede contaminar cuerpos hídricos y provocar sismicidad.
La especialista también señala que el fracking consume grandes volúmenes de agua y genera emisiones dañinas. A su juicio, este enfoque perpetúa la dependencia de combustibles fósiles en lugar de buscar alternativas más sostenibles. En contraste, la presidenta Claudia Sheinbaum ha anunciado la formación de un comité para evaluar la explotación de gas no convencional mediante tecnologías de bajo impacto ambiental.
Ana Lilia Moreno, coordinadora del programa de Regulación y Competencia de México Evalúa, reconoce la necesidad de gas en el país, pero enfatiza la importancia de un debate transparente y colaborativo que incluya a todos los sectores involucrados. Señala que el déficit de gas en México se cubre con importaciones, lo que hace relevante la preocupación de los grupos ambientalistas sobre los riesgos asociados al fracking.
Desde el sector empresarial, Juan de Dios Barba, presidente de la Comisión de Competitividad de Coparmex, argumenta que el fracking se utiliza en otros países y que existen tecnologías más amigables con el medio ambiente. También destaca la importancia de liberar reservas de gas natural en México para contar con una fuente de energía más económica.
Este debate se enmarca en el esfuerzo del país por fortalecer su soberanía energética y acelerar la transición hacia fuentes más limpias en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas.



