Tras décadas dominadas por marcas tradicionales de Europa, Estados Unidos y Japón, el mercado automotriz brasileño está experimentando una migración hacia fabricantes chinos que avanzan desde la importación hacia la producción local. El cambio implica no solo ensamblaje, sino también instalación de cadenas de valor industrial y centros de I+D.
Los principales actores presentes o anunciados en Brasil incluyen BYD, GWM, GAC, Geely y Chery. Cada uno avanza con estrategias que van desde la reutilización de plantas existentes hasta la construcción de complejos integrados.
Chery fue pionera al instalar una planta en Jacareí (São Paulo) en 2014; la instalación fue cerrada en 2022 para modernización y se espera su relanzamiento para producir las marcas del grupo Omoda y Jaecoo. Mientras tanto, Chery mantiene producción local en Anápolis, en asociación con CAOA, fabricando los SUVs Tiggo 5X, 7 y 8. Impacto: preservación de capacidades de ensamblaje locales y continuidad de suministro para modelos con demanda regional.
BYD tomó la planta de Ford en Camaçari (Bahía) y la convirtió en su mayor centro de producción fuera de China. Los primeros modelos a ensamblarse incluyen plataformas orientadas a eléctricos y vehículos compactos (Dolphin Mini, King y Song Pro). Utilidad: acelera la industrialización de vehículos eléctricos en Brasil y reduce costos logísticos asociados a la importación.
GWM opera en Iracemápolis en una instalación heredada de Mercedes‑Benz, produciendo SUVs Haval H6 y H9 y la pickup Poer P30. Además, incorpora un centro de investigación y desarrollo junto a la fábrica. Recientemente confirmó una segunda planta en Aracruz (Espírito Santo) con capacidad proyectada de hasta 200.000 unidades/año y líneas completas de estampado, soldadura, pintura, montaje y pruebas. Impacto técnico: incremento significativo de capacidad industrial local, mayor verticalización y producción interna de componentes estratégicos.
GAC anunció la apertura de una fábrica en Catalão (Goiás) en alianza con HPE Automotores y opera un centro de distribución de piezas en Cajamar. Aún no están confirmados los modelos a producir, aunque se anticipan SUVs e híbridos. Utilidad: establece logística de repuestos y prepara la red de posventa para soportar producción local.
Geely optó por una alianza con Renault y utilizar la planta de São José dos Pinhais (Paraná), además de participar en la producción de motores mediante la joint venture Horse. Se menciona la posibilidad de ensamblar el SUV eléctrico EX5. Impacto: modelo de entrada por colaboración industrial que facilita transferencia tecnológica y uso eficiente de capacidad instalada existente.
Desde el punto de vista industrial y de cadena de suministro, la llegada de fabricantes chinos con plantas completas tiene efectos técnicos concretos: reutilización de instalaciones cerradas, localización de procesos críticos (estampado, soldadura, pintura, ensamblaje y pruebas), expansión de redes de proveedores locales, y potencial aumento en la demanda de componentes eléctricos y baterías. Esto puede acelerar la adopción de vehículos electrificados, presionar por mayor inversión en infraestructura de carga y modificar flujos logísticos internos.
En términos de mercado y capacidades tecnológicas, la presencia china impulsa competencia en costos y variedad de plataformas (SUV, pickups, vehículos eléctricos e híbridos), fomenta la creación de centros locales de I+D y puede traducirse en transferencia de know‑how para proveedores brasileños. Los retos incluyen garantizar contenido local, gestionar la cadena de suministro de baterías y adaptar normativas y logística para una producción con mayor componente eléctrico.


