La posible liberación de reservas estratégicas para estabilizar los mercados de hidrocarburos tiene implicaciones directas para España, que cuenta con reservas equivalentes a 96 días de importaciones, parte en manos de la industria y parte bajo control público. Esa posibilidad se planteó como respuesta a la tensión en el golfo Pérsico que ha disparado los precios del crudo y el gas.
Los ministros de Finanzas del G7 acordaron, tras una videoconferencia, mostrar disposición a adoptar «todas las medidas necesarias» para contener la volatilidad de los mercados energéticos, incluida la utilización de reservas estratégicas si procede. El titular francés señaló que se va a vigilar de cerca los flujos y el funcionamiento del mercado para enviar mensajes claros que contribuyan a la tranquilidad.
Los ataques a instalaciones petroleras en la región del golfo y la inquietud por un eventual cierre del estrecho de Ormuz explican parte de la reacción de los mercados, dado que por ese paso transita una proporción significativa de los hidrocarburos consumidos mundialmente. Aunque por el momento no se observan problemas de aprovisionamiento para Europa y Estados Unidos, los riesgos de interrupciones persistentes elevan la preocupación.
El mercado respondió con fuertes subidas, con picos que superaron el 30% en el barril de referencia europeo en momentos puntuales, tras acumular ya alzas la semana anterior. Más tarde, las ganancias se moderaron, pero el precio del brent se mantuvo por encima del umbral simbólico de los 100 dólares.
La Agencia Internacional de la Energía exige a sus miembros disponer de reservas equivalentes como mínimo a 90 días de importaciones para afrontar interrupciones excepcionales. Según datos de la propia agencia, la mayoría de los países cumplen ese requisito, con algunas excepciones, y la AIE ha recurrido a sus reservas en ocasiones anteriores para mitigar crisis de suministro.


