Irapuato, Gto. 13 de febrero de 2026.— Hay noches en las que el fútbol se convierte en celebración colectiva. El Estadio Sergio León Chávez vivió una de ellas. Club Deportivo Irapuato ofreció su versión más contundente del torneo y goleó 5-0 a Dorados de Sinaloa, en un partido que comenzó con paciencia y terminó en vendaval.
La Jornada 6 arrancó con un Irapuato decidido a imponer condiciones. Desde el silbatazo inicial, la Trinca tomó el control territorial, presionó alto y generó las primeras aproximaciones. El arquero visitante, Jonathan Vaal, evitó que el marcador se moviera antes del descanso con un par de intervenciones notables, sosteniendo el cero cuando los remates freseros ya pedían red.
Dorados también tuvo su momento antes del entretiempo, con una conducción peligrosa que exigió a Humberto “Gansito” Hernández, atento para evitar la sorpresa. Sin embargo, el dominio general era local. El 0-0 al descanso parecía circunstancial, un preludio de lo que vendría en la parte complementaria.
El segundo tiempo fue otra historia. Apenas al 57’, Roberto Castellanos abrió la cuenta y desató el rugido contenido. El gol fue el detonante: cinco minutos después, Styven Vásquez amplió la ventaja con una definición certera, confirmando que el equipo había encontrado la llave del partido.
La Trinca no se conformó. Al 70’, una jugada insistente terminó en el tercero tras una carambola que reflejó la presión constante sobre la zaga sinaloense. Con Dorados ya desbordado, Irapuato explotó los espacios con inteligencia. Julio Doldán apareció al 84’ con un cabezazo preciso, y apenas dos minutos más tarde, Juan Gamboa selló la goleada con un disparo cruzado que cerró la obra con autoridad.
El 5-0 no solo representó tres puntos. Fue una declaración de identidad. Irapuato mostró amplitud de recursos ofensivos, variantes en el ataque y una defensa que, salvo un susto inicial, mantuvo orden y concentración. El equipo de Daniel “Bora” Alcántar lució maduro, vertical y ambicioso.
En casa, la Trinca empieza a convertir el Sergio León Chávez en territorio intimidante. Y más allá del marcador abultado, el mensaje es claro: este Irapuato no solo compite, también sabe golpear con fuerza cuando el partido lo permite. La evolución es evidente y la ilusión, renovada.


