La confrontación interna en MORENA Guanajuato se agudizó tras las declaraciones del diputado local Jesús Ramírez Garibay, quien respondió de manera despectiva al alcalde de Abasolo, Job Gallardo Santellano, luego de que la bancada morenista rechazara la solicitud de 52 millones de pesos de deuda para obra pública presentada por el municipio.
En lugar de ofrecer una explicación clara sobre los criterios técnicos o financieros que motivaron el voto en contra dentro del Congreso del Estado de Guanajuato, Ramírez Garibay optó por minimizar públicamente la postura de Job Gallardo, atribuyendo sus señalamientos a una “calentura del momento” y calificándolos como un “berrinche”. El señalamiento personal desplazó el debate de fondo: la necesidad de recursos para infraestructura en Abasolo y la congruencia política de negar apoyo a un ayuntamiento gobernado por el propio partido.
Job Gallardo, en el centro del conflicto
El alcalde de Abasolo había cuestionado que la negativa de MORENA implicara sacrificar a su municipio por decisiones de grupo, un reclamo legítimo desde la lógica municipalista. Sin embargo, la respuesta de Ramírez Garibay evitó atender ese argumento y se concentró en desacreditar la reacción del edil, reforzando un mensaje de subordinación política.
Disciplina partidista por encima del diálogo
Ramírez Garibay aseguró que Job Gallardo no abandonará MORENA, aun al reconocer su cercanía institucional con el gobierno estatal encabezado por Libia Dennise García Muñoz Ledo. La afirmación refuerza la percepción de que, dentro del partido, la lealtad se asume como obligación, incluso cuando existen diferencias legítimas sobre la gestión pública.
Una fractura que se profundiza
El episodio evidencia una ruptura entre el bloque legislativo y los gobiernos municipales de MORENA. Al reducir el reclamo de Job Gallardo a lo emocional, la dirigencia parlamentaria elude rendir cuentas sobre su decisión y debilita el discurso de unidad y cercanía con los municipios.


