Don Rommel
El PAN se hunde en su propio bastión. Corrupción, tráfico de influencias y complicidad dirigencial marcarán la lápida del partido en Guanajuato Capital.
En política, los partidos rara vez caen por la fuerza de sus rivales. Se derrumban desde adentro. Eso es lo que vive hoy el PAN en Guanajuato Capital, donde Alejandro Navarro, Samantha Smith y su operador Ludovico Mata no construyeron un legado: cavaron una fosa.
El municipio se convirtió en una caja de negocios. Contratos inflados, adjudicaciones dirigidas y favores a empresas amigas se volvieron rutina. Guanajuato Capital, patrimonio cultural de la humanidad, fue reducido a botín político.
Samantha Smith continúa amasando una fortuna para su matrimonio. Ludovico Mata, con credenciales cuestionables, operó contratos y decisiones clave. Alejandro Navarro el arquitecto de todo, legitimó ese entramado.
El PAN, que durante años presumió ser el partido de la honestidad y la transparencia, replicó los mismos vicios que hoy denuncia en Morena y en los hijos del presidente López Obrador: corrupción, tráfico de influencias, nepotismo y descaro.
Pero no están solos. Jorge Romero, dirigente nacional del PAN, y el Comité Estatal de Guanajuato avalaron la reelección de Navarro, la sucesión de su esposa Samantha Smith y guardaron silencio ante los señalamientos. ¿Ceguera política? ¿Complicidad? ¿O conveniencia?
El resultado es innegable: el PAN no perderá Guanajuato Capital por Morena, sino por sí mismo. Navarro, Smith y Mata cavaron la fosa, y la dirigencia entregó la pala.
Al final, la corrupción en Guanajuato Capital no la enterró Morena. La enterró el PAN… con Navarro, Smith y Mata cavando la fosa, y con Jorge Romero y el Comité Estatal entregando la pala.


