La escalada bélica en zonas fronterizas de Afganistán ha tenido un impacto directo sobre la población civil, con al menos 146 víctimas —42 fallecidos y 104 heridos—, entre ellas mujeres y niños, según informó la misión de la ONU en el país.
La misión señaló que estas cifras son preliminares y describen un patrón de daños que afecta a no combatientes.
Las víctimas provienen, en buena parte, de fuego indirecto durante combates transfronterizos que alcanzaron áreas residenciales en varias provincias, así como de ataques aéreos en regiones concretas del este y sureste del país.
El conflicto ha provocado un desplazamiento masivo: alrededor de 16.400 hogares han abandonado sus comunidades en las zonas afectadas por los choques.
Este nuevo flujo de desplazados se suma a familias que ya permanecían fuera de sus hogares tras un sismo en Kunar, muchas de las cuales han recibido instrucciones de abandonar ciertas áreas o buscar refugio con parientes como medida de precaución.
La violencia también ha dañado instalaciones médicas y humanitarias, entre ellas el hospital de emergencias en el puesto fronterizo de Torkham y un centro de tránsito gestionado por la Organización Internacional para las Migraciones.
Ante la imposibilidad de garantizar la seguridad de sus suministros, el Programa Mundial de Alimentos ha suspendido sus operaciones en las zonas afectadas, lo que afecta a unas 160.000 personas que dependían de las distribuciones alimentarias en provincias con niveles críticos de desnutrición.


