El peso se ubicó en 17.95 por dólar al cierre de la última semana, una depreciación semanal de 0.82 % que impacta directamente en la economía mexicana y en el poder de compra de los hogares y empresas locales. El movimiento del tipo de cambio también incide en costos de importación y en el valor de las remesas recibidas por familias en el país.
La moneda no ha superado la barrera de las 18 unidades desde finales del año pasado y, antes de esta corrección, había mostrado una apreciación acumulada cercana al 5 % respecto al inicio del año. Estos vaivenes reflejan una volatilidad que preocupa a mercados y agentes económicos nacionales.
Analistas de Banco Base atribuyen la presión sobre el peso a la escalada del conflicto en Irán, al fortalecimiento global del dólar y a una menor expectativa de recortes en las tasas de interés en Estados Unidos. La mayor aversión al riesgo internacional se ha traducido en salidas hacia activos considerados refugio, presionando monedas emergentes.
La incertidumbre sobre el impacto del conflicto en la oferta energética y en el comercio petrolero elevó la percepción de riesgo y contribuyó al avance semanal del dólar, que acumuló dos semanas consecutivas al alza y alcanzó niveles no vistos en los meses recientes. El comportamiento del crudo y de los combustibles también alimenta presiones inflacionarias globales.
Ese entorno refuerza la posibilidad de que la Reserva Federal mantenga su tasa de interés sin cambios por más tiempo, lo que podría reducir el atractivo del carry trade para inversores. Para México, la combinación de estos factores abre la probabilidad de que el tipo de cambio supere la barrera de 18 pesos por dólar si continúan las mismas tendencias internacionales.


